jue

20

ago

2015

5 libros para reflexionar en verano.


El verano es una época en que muchos aprovechamos para ponernos al día con la lectura y que mejor momento que las vacaciones para poder reflexionar también sobre temas algo más profundos. Aunque agosto se va acercando al final,  aún te queda tiempo para ponerte al día con alguno de los libros que te recomiendo.

 

 

1. Déjame que te cuente. Jorge Bucay

 

 

Mi libro favorito. Un libro fácil de leer y ameno en el que a través de la terapia de Demián, Jorge va relatando breves historias con una moraleja que deberás extraer tú mism@. Especialmente bueno para el verano ya que podrás ir leyendo historias y dejarlo sin perderte.

 

 

2. El Principito. Antoine de Saint-Exupéry

 

 

No puedo evitar incluir este libro en la lista. Porque es un clásico, porque es apto para todas las edades y porque cualquier momento es bueno para leerlo por primera vez o volverlo a leer. Aunque se considera un libro infantil, los temas que toca no lo son en absoluto. Junto al pequeño príncipe se reflexiona sobre la naturaleza humana, las relaciones o el paso del tiempo.

 

 

3. El hombre en busca de sentido. Viktor Frankl

 

 

Aunque es algo más complicado de leer y más duro que los anteriores, sin duda merece la pena. Relata la historia de un campo de concentración vista desde dentro. Con un duro comienzo a lo largo del libro la esperanza va surgiendo y se observa como ésta mantiene viva al personaje.

 

 

4. El alquimista. Paulo Coelho

 

 

Sin duda la obra maestra de Coelho. Narrado como una historia de aventuras, también tiene temática profunda. Un pastor emprende un complicado viaje por tierras lejanas que le transformará.  Sus raíces proceden del cuento de “Las mil y una noches”.

 

 

5. El caballero de la armadura oxidada. Robert Fisher.

 

Uno más ligero para acabar. Una historia que es apta para todos los públicos. Cuenta la historia de un caballero con incapacidad para expresar sus sentimientos. A modo de metáfora narra como la armadura del caballero se va convirtiendo en un obstáculo en su relación con los otros.

 

 

 

 

 

Espero que os gusten y os animo a que incluyáis alguno más en esta lista.

 

 

 

 

 

Elena de Miguel.

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mié

01

jul

2015

La soledad del que sufre

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Todas las personas que acuden al psicólogo sufren. Unas llevan sufriendo más tiempo y otras viven el sufrimiento como algo nuevo.

 

 

Una de las principales quejas de las personas que vemos, es la incomprensión. Se sienten solas ante el sufrimiento. Generalmente las familias, los amigos, incluso muchos médicos intentan tranquilizarles con frases prefabricadas “ya pasará mujer”, “hay gente en peor situación que tú”, “no es para tanto”. El mensaje que la persona que sufre recibe es “no me entiendes”.

 

 

Es difícil hacerse cargo del dolor ajeno, estar ahí, sin huir con alguna frase tranquilizadora porque genera mucha impotencia y la impotencia es la emoción que peor toleramos los seres humanos, ya que nos indica que no podemos hacer nada; y realmente no podemos hacer nada con el dolor ajeno. Cuanto más cercana afectivamente es la persona que sufre más nos cuesta soportarlo obviamente porque su emoción de alguna forma la hacemos nuestra.

 

 

Por eso hay mucha gente que me dice “yo no podría ser psicólogo, no sé cómo puedes soportar oír historias tan duras cada día” y yo les digo, es verdad, es duro porque a veces yo también me reconozco sintiéndome impotente: con un paciente que no mejora, con otro que piensas que quizá podrías haber hecho algo distinto, con otro que no vuelve y no sabes por qué…Sin embargo, nuestra forma de ayudar como seres humanos al que sufre no es otra que permanecer ahí con el dolor ajeno sin evitarlo y sabiendo que es suyo y no nuestro, y precisamente eso es lo que les ayuda.

 

 

 Otras veces son los pacientes los que dicen “te lo cuento a ti porque sé que tú no te vas a asustar con mi dolor”. Esa es la única manera que tenemos de ayudar al que sufre,  mantener esa distancia entre la fusión con la emoción del otro y la indiferencia. No hay una respuesta correcta cuando el otro sufre, es más bien una actitud. Una actitud que indica: “no te preocupes, estoy aquí, puedes llorar y no me voy a asustar, no voy a salir corriendo y puedes volver a hacerlo cuando lo necesites” si este mensaje no verbal llega, lo que se diga a continuación es lo de menos.

 

 

Muchas veces un abrazo sin mediar palabra, cuando es una persona querida quien sufre es la mejor manera de demostrar que estamos ahí.

 

 

 

 

Elena de Miguel

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jue

04

jun

2015

El peligro de querer agradar a todos

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Mucha de la gente que viene a terapia tiene esta queja: “mi problema es que intento agradar a todos”.  Hay una historia bastante antigua que ilustra muy bien esta dificultad y quería hoy compartirla con vosotros para que podáis llegar a vuestras propias conclusiones.

 

 

 

 

 

 “Había una vez un anciano y un niño que viajaban con un burro de pueblo en pueblo. Puesto que el asno estaba viejo, llegaron a una aldea caminando junto al animal, en vez de montarse en él. Al pasar por la calle principal, un grupo de niños se rió de ellos, gritando: 

-¡Mirad qué par de tontos! Tienen un burro y, en lugar de montarlo, van los dos andando a su lado. Por lo menos, el viejo podría subirse al burro. 

Entonces el anciano se subió al burro y prosiguieron la marcha. Llegaron a otro pueblo y, al transitar entre las casas, algunas personas se llenaron de indignación cuando vieron al viejo sobre el burro y al niño caminando al lado. Entonces dijeron a viva voz: 

-¡Parece mentira! ¡Qué desfachatez! El viejo sentado en el burro y el pobre niño caminando. 

Al salir del pueblo, el anciano y el niño intercambiaron sus puestos. Siguieron haciendo camino hasta llegar a otra aldea. Cuando la gente los vio, exclamaron escandalizados: 

-¡Esto es verdaderamente intolerable! ¿Han visto algo semejante? El muchacho montado en el burro y el pobre anciano caminando a su lado. 

-¡Qué vergüenza! 

Puestas así las cosas, el viejo y el niño compartieron el burro. El fiel jumento llevaba ahora el cuerpo de ambos sobre su lomo. Cruzaron junto a un grupo de campesinos y éstos comenzaron a vociferar: 

-¡Sinvergüenzas! ¿Es que no tienen corazón? ¡Van a reventar al pobre animal! 

Estando ya el burro exhausto, y siendo que aún faltaba mucho para llegar a destino, el anciano y el niño optaron entonces por cargar al flaco burro sobre sus hombros. De este modo llegaron al siguiente pueblo. La gente se apiñó alrededor de ellos. Entre las carcajadas, los pueblerinos se mofaban gritando: 

-Nunca hemos visto gente tan boba. Tienen un burro y, en lugar de montarse sobre él, lo llevan a cuestas. ¡Esto sí que es bueno! ¡Qué par de tontos! 

La gente jamás había visto algo tan ridículo y empezó a seguirlos. 

Al llegar a un puente, el ruido de la multitud asustó al animal que empezó a forcejear hasta librarse de las ataduras. Tanto hizo que rodó por el puente y cayó en el río. Cuando se repuso, nadó hasta la orilla y fue a buscar refugio en los montes cercanos. 

El molinero, triste, se dio cuenta de que, en su afán por quedar bien con todos, había actuado sin el menor seso y, lo que es peor, había perdido a su querido burro”. 

 

 

 

Te invito a reflexionar:

 

 

 

-          ¿Con qué frecuencia acabas apartándote de tus objetivos para agradar al otro?

 

-          ¿Cómo te sientes después de hacerlo?

 

-         ¿Se te ocurre alguna otra manera de enfrentarte a ello la próxima vez?

 

-         ¿Qué beneficios tendría? ¿Qué costes?

 

-         ¿Quieres hacerlo?

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Elena de Miguel

 

 

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vie

22

may

2015

Aclarando términos: Optimismo inteligente

Hace algún tiempo hablaba del maltrato recibido por la palabra felicidad. Y hoy me encontraba este vídeo en que se habla de otra palabra también bastante maltratada por nuestra sociedad: el optimismo. Si miramos la definición en el diccionario nos dice: tendencia a ver y a juzgar las cosas en su aspecto más positivo o más favorable.

 


Si yo tuviera que poner mi propio sinónimo para esta palabra, hablaría quizá de confianza. Confianza en que mis acciones tengan un resultado esperanzador en el futuro.

 


Desgraciadamente la popularización de este término ha dado lugar a múltiples interpretaciones. “Ver el mundo de color de rosa”, “tener un pensamiento positivo”. Como si nosotros pudiéramos elegir lo que pensamos o existieran unas gafas mágicas con las que mirar el mundo… Culpabilizando a la gente que no es capaz de tener este pensamiento mágico positivo independientemente de lo que pase.

 


Por ello recientemente se ha añadido el adjetivo optimismo “inteligente” (C.Vázquez y M.D Avia)  para añadir un matiz distinto a este término. Dando énfasis a la idea de que no se trata de negar la realidad poniéndose estas gafas de color de rosa esperando pasivamente a que las cosas mejoren. Se trata de coger el timón del barco, distinguiendo que está en nuestra mano cambiar y qué parte no nos queda otra que aceptar.

 


Surgen por tanto algunos conceptos interesantes: aceptación, cambio, confianza y esperanza. Conceptos que podréis ver mucho más claro si veis el siguiente vídeo.

 


Espero que permita dar un poco de luz a este término y os permita plantearos preguntas nuevas cuando penséis si sois o no optimistas. Preguntas que tengan más que ver con la acción que con el “pensamiento positivo”.

 


Elena de Miguel

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dom

29

mar

2015

Autismo: 5 signos que nos ayudarán a conocerlo

 

Hoy es el día mundial del autismo. Un trastorno sobre la que todavía hay mucho desconocimiento tanto sobre las causas que lo originan, como entre la población, ya que pocos saben qué es exactamente el autismo. Aprovechando que hoy es su día, quería acercaros un poco a todos estos niños y adultos que resultan tan incomprendidos.



El trastorno comienza a manifestarse al poco tiempo de nacer, por ello se considera un trastorno del desarrollo (antes de los 3 años ya está instalado). Comienza a mostrar sus signos temprano, con 18 meses cuando cualquier niño empieza a adquirir las habilidades del lenguaje y a compartir intereses con el adulto, estos niños sin embargo muestran dificultades con el lenguaje e intereses distintos al resto de niños. Mientras un niño señalará un perro cuando va por la calle para enseñárselo a papá un niño con autismo no tendrá esta capacidad de interacción.



Mientras otros niños empiezan a estar interesados en el contacto con otros adultos o niños, es decir, en la interacción social, los niños autistas tienen dificultades para establecer relaciones sociales. Tanto por el lenguaje como ya dije como por los intereses tan distintos. Pueden pasar horas por ejemplo mirando la rueda de una bicicleta y prefieren actividades en solitario.



Son muy sensibles al sonido y a la vista por lo que cosas que a nosotros nos parecen normales como el sonido de un coche o una moto, para ellos puede ser como si pasara un avión en frente de su cabeza, motivo por el cual se asustan y se alteran.



No es que no tengan sentimientos si no que tienen dificultades para expresarlos y sobre todo para entender los sentimientos de otros. Los psicólogos decimos que carecen de teoría de la mente. Esto quiere decir que no pueden distinguir que el otro es una persona distinta a él mismo. No puede hacerse una idea de lo que piensa o de lo que siente, es por ello que no entienden la mentira, ni las ironías por ejemplo. Su manera de entender todo es de forma literal.



El autismo puede tener distinta gravedad y lo más común es que ni siquiera puedan adquirir el lenguaje o tengan un lenguaje propio que nadie más entiende. Esto no quiere decir que tengan porque tener discapacidad intelectual, aunque puede ir acompañado. Los niños autistas tienen capacidades en las que pueden ser sobresalientes por ejemplo en cálculo matemático pero no son capaces de adquirir otras como por ejemplo el lenguaje.



Otra de las dificultades que tienen es que se adaptan muy mal a los cambios. Necesitan rutinas muy estables para poder desenvolverse bien. Imagínate un mundo que no entiendes y que encima está en constante cambio.



Por último son frecuentes lo que nosotros llamamos esterotipias es decir movimientos o acciones repetidos sin ninguna finalidad aparente.  Por ejemplo sacudir o girar las manos, repetición de palabras…



Estas son las características más importantes pero no hay que olvidar que cada persona es un mundo y cada niño con autismo ante todo es una persona y no debe juzgársele por su etiqueta de autista. Igual que ellos no entienden nuestro mundo y hacen muchos esfuerzos por entenderlo, nosotros también deberíamos hacer el mismo esfuerzo para entenderles a ellos. Así que os dejo un vídeo muy cortito en el que podéis experimentar por dos minutos que significa ser autista.

 



Elena de Miguel


 

 

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sáb

21

feb

2015

El ciclo vital familiar




















En psicología no solo nos hemos centrado en el estudio del individuo. Cada vez cobra más importancia el entorno y sobre todo en el enfoque sistémico, la familia.

La familia es el primer sistema en que vive el niño cuando nace y el de mayor influencia hasta al menos la adolescencia.

Todas las familias desde que se crea una pareja hasta que la pareja decide tener hijos y estos van creciendo pasan por una serie de etapas, que plantean distintos retos a la familia. Dedicaremos hoy por tanto este espacio a analizar estas fases así como los retos que plantea cada una.

 


El ciclo vital familiar, son por tanto las distintas fases por las que atraviesa una familia, que promueven el crecimiento y desarrollo del ser humano en la familia y con la misma;  colabora en el desarrollo de sus potencialidades.



Cada etapa plantea una crisis a la familia, es decir, la familia tiene que poner en marcha nuevos mecanismos de adaptación para adaptarse al cambio.


Estas etapas son:


1. Formación de la pareja: implica generar acuerdos entre ambos miembros para el funcionamiento de la pareja y como gestionar los desacuerdos. Así como nuevas maneras de relacionarse con sus familias de origen y con sus amistades.

 

2.  Nacimiento de hijos y familias con hijos pequeños: el nacimiento de los hijos requiere una reorganización de los roles para incluir un nuevo miembro, nuevas reglas y nuevas tareas. Implica desarrollar habilidades parentales, y enfrentarse a la gran responsabilidad de criar a los hijos. Establecer normas que preserven su autoridad como padres pero que a la vez alienten  la autonomía de los hijos.

 Cuando empiezan a ir al colegio también tendrán que aprender a lidiar con un nuevo sistema, el escolar.

Además dentro de este espacio con hijos, la pareja deberá enfrentarse al reto de encontrar su propio espacio como pareja.

 

3. Familia con hijos adolescentes: los hijos al hacerse mayores van relacionándose con más gente y va cobrando cada vez más importancia el sistema de iguales (los amigos). Esto hará que los padres tengan que negociar sus reglas sobre todo en cuanto a la autonomía; ya que los hijos pedirán más independencia y tenderán a poner a prueba el sistema familiar.  Para que este proceso se complete con éxito es necesario que esta independencia vaya acompañada de responsabilidades.

 

4. Nido vacío: Los hijos, ahora adultos jóvenes, abandonan el hogar y los padres se enfrentan al final de su vida laboral y al reencuentro como pareja. La familia deberá aprender a gestionar el dolor por la separación de sus hijos y replantearse su vida en pareja.

 

5. Retiro de la vida activa y vejez: en esta etapa surgen nuevos temores (convertirse en un anciano inútil, temor a la muerte, temor a intentar otros estilos de vida…). Las tareas a resolver son mantener el contacto con la familia extensa, enfrentar las muertes de personas queridas, ocupar el nuevo rol de abuelo y hacer balance de la propia vida.

 



Como habréis visto estas etapas son universales y hacen que los miembros de la familia tengan que poner en marcha nuevas habilidades para adaptarse a cada una. Debemos tener claro que este es un proceso normal por el que todos pasamos. Todos los cambios en la vida requieren que seamos lo suficientemente flexibles para seguir y no quedar estancados en ninguna fase de este proceso.

 








 

Elena de Miguel


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mié

11

feb

2015

Trastornos de personalidad: ¿qué sabes de ellos?

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

El tema de la personalidad siempre ha sido controvertido en psicología. Para empezar ¿qué es la personalidad? Según la RAE de una manera muy simple, sería el conjunto de rasgos y cualidades que configuran la manera de ser de una persona y la diferencian de las demás. Pero claro siguiendo esta definición ¿qué es normal y qué no?

 

 

Para responder a esta pregunta se ha considerado que existe una patología de la personalidad cuando estos rasgos o cualidades que se han desglosado en (patrones de comportamiento, emociones y pensamientos)  son tan rígidos que impiden a la persona adaptarse a la sociedad en la que vive y le crean problemas al relacionarse con la gente de su entorno.

 

Las personas nos caracterizamos por tener que adaptarnos a múltiples entornos y tener que relacionarnos con personas muy diversas. Podríamos decir que tenemos que desempeñar diferentes roles. Una persona puede ser a la vez padre, esposo, médico, presidente de la comunidad de vecinos, jugador de futbol en el equipo del barrio… Parece obvio que esta persona no se comportará igual en cada uno de estos contextos.

 

A las personas que tienen trastornos de la personalidad les resulta muy complicado adaptarse a los cambios en el entorno y se encuentran especialmente afectados por ellos. A diferencia de otros problemas mentales los trastornos de personalidad son muy estables en el tiempo y suelen aparecer al final de la adolescencia que es cuando se considera que el carácter se está formando. Es por ello que son los más complicados de tratar.

 

Aunque se han utilizado múltiples clasificaciones dentro de los trastornos de personalidad la más ampliamente compartida es la que plantea el manual diagnóstico de salud mental (DSM). Según este manual dependiendo del tipo de dificultad que tenga la persona en la adaptación habría 3 tipos de trastornos:

 

 

Los llamados del grupo A “raros o excéntricos” se caracterizan por ser desconfiados y tener problemas en las relaciones, bien porque creen que les van a hacer daño, porque no les interesan o porque tienen creencias extrañas que su cultura no comparte.

Estarían dentro de este grupo:

 

  • Trastorno paranoide de la personalidad: interpreta las intenciones de los demás como maliciosas lo que le hace estar constantemente suspicaz y desconfiado.
  •  Trastorno esquizoide de la personalidad: no desea, ni disfruta de las relaciones sociales, por lo que tiende al aislamiento y a no disfrutar con apenas ninguna actividad. Siendo característico también la escasa expresión emocional ante las circunstancias, parece inmutable.
  • Trastorno esquizotípico de la personalidad: además de la dificultad para relacionarse tiene frecuentes distorsiones en la forma de pensar, con creencias y extrañas y comportamientos excéntricos.

 

En el grupo B “dramáticos, emocionales o inestables” se caracterizan por tener problemas en la regulación emocional siendo característica una excesiva emocionalidad o una ausencia de empatía dependiendo del tipo. Incluye:

 

  • Trastorno antisocial de la personalidad: es característica una ausencia de empatía no siendo consciente de lo que siente el otro lo que les lleva constantemente a violar los derechos de los demás para conseguir lo que desean.
  • Trastorno histriónico de la personalidad: se caracterizan por una emocionalidad superficial que parece teatral como si estuvieran constantemente actuando.
  • Trastorno narcisista de la personalidad: frecuentes sentimientos de grandiosidad con constante necesidad de admiración, llegando incluso a ser abusivos en su relación con otros.
  • Trastorno límite de la personalidad: es un patrón inestable en la emocionalidad y en la relación con otros con constantes sentimientos de vacío respecto a su identidad.

 

El grupo C son los “ansiosos o temerosos” en los que son frecuentes los sentimientos de miedo excesivos respecto a las relaciones sociales, a la separación o con una constante necesidad de control. Incluyen:

 

  • Trastorno evitativo de la personalidad: caracterizado por una excesiva sensibilidad al rechazo, la humillación o la vergüenza lo que les lleva a relacionarse poco.
  • Trastorno obsesivo de la personalidad: son personas perfeccionistas en exceso, con devoción por el trabajo y con dificultad para expresar afectos
  • Trastorno dependiente de la personalidad: son personas pasivas que tienden a que los demás asuman sus responsabilidades, sintiéndose incapaces de valerse por sí mismos.

 

Otro de los problemas que ocasionan estos trastornos es la dificultad para encuadrarlos en una determinada categoría. Se observa una gran relación entre varios de ellos, sobretodo del  mismo grupo. Es por ello que se están proponiendo modelos dimensionales, es decir, encontrar los rasgos que comparten todos para poder situarlos en un continuo. Por ejemplo algunas variables que se contemplan son: emocionalidad negativa vs estabilidad emocional, introversión vs extroversión, desinhibición vs autocontrol…

 

Como ya decía anteriormente el tratamiento de estos trastornos es el que más dificultades ha ocasionado en psicoterapia, considerándose en ocasiones el tratamiento de por vida o al menos en los momentos de cambios importantes de la persona. No obstante cada vez se están haciendo más avances para entenderlos mejor y hay terapias que han demostrado que funcionan.

 

Espero que esta explicación arroje un poco de luz a este complicado tema.

 

 

 

Elena de Miguel

 


 

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lun

29

dic

2014

5 respuestas para mejorar la educación de tus hijos

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Las Navidades son un periodo que a los niños les encanta, pero los padres pueden acabar muy “quemados” al tenerlos 24 horas en casa. En vez de disfrutar de tener más tiempo con sus hijos los padres acaban deseando volver a la rutina. Para evitar que esto pase, tenemos al menos que reflexionar un poco sobre ello.

 

 

Todos venimos de un estilo educativo determinado que hemos recibido a lo largo de nuestra vida. Algunos estarán de acuerdo con como sus padres les han educado y otros se situarán totalmente en contra y harán lo opuesto. En cualquier caso es inevitable reconocer su influencia.

 

 

Para entenderlo un poco mejor primero tenemos que entender que existen 2 modelos ineficaces de educación. Y los llamamos ineficaces porque impiden a los niños conocer cuáles son las reglas que rigen su casa y adquirir responsabilidad en su cumplimiento.

 

a) Estilo permisivo: son padres que se dedican a dar sermones, enseñanzas, repetir el mensaje, dar argumentos de porque no está bien hacer algo o es mejor hacer otra cosa. Podríamos decir que son unos padres “que hablan y hablan pero no actúan”. Como mucho pueden llegar a amenazar al niño con un castigo, que tanto ellos como su hijo saben que nunca va a ocurrir. Es decir sus palabras dicen “haz esto” pero sus acciones dicen “no tienes porque hacerlo”.

 

b) Estilo punitivo: el castigo es su arma por excelencia. Si el hijo no cumple las reglas rápidamente establecen una consecuencia que en la mayoría de los casos suele ser excesiva. También recurren a gritos y pueden soltar alguna “bofetada” si ven que el resto no funciona. En sus hijos producen por un lado que se corte la conducta problemática en la mayoría de los casos pero una gran hostilidad en el ambiente, ya que los hijos suelen considerarlos “injustos” y desde luego no aprenden nada sobre responsabilidad o autocontrol.

 

 

¿Qué alternativa existe?

 

Lo que podríamos llamar estilo educativo democrático. Lo más característico de este enfoque es que los mensajes verbales son muy claros y van seguidos de una acción que les apoya. Este límite conductual se expondrá de una manera lógica por lo que ha pasado, no como una manera de demostrar “que aquí el que manda soy yo”.

 

Diremos “hijo sé que lo sabes hacer bien, pero “X” conducta no es apropiada por lo que tendrá “X” consecuencia” otra manera de exponerlo sería “puedes seguir haciendo (conducta inadecuada) y pasará (consecuencia) o hacer esto otro (conducta apropiada) ¿qué prefieres?”

 

Los niños no nacen sabiendo las reglas, deben aprenderlas mediante un proceso de enseñanza en que los padres son los profesores. De la misma forma que nos gustaría que el profesor de matemáticas hablara de una manera clara con nuestros hijos, tuviera paciencia, expusiera la materia de una forma sencilla en “el aprendizaje de límites” los padres deben ser “el profesor modelo”.

 

Cuando los niños son pequeños tienen lo que se llama “pensamiento concreto” esto significa que aprenden a través de la experiencia. Para ellos no es tan importante lo verbal, como lo que experimentan en sus “propias carnes” (lo que ven, lo que oyen, lo que tocan…).

 

La manera en que los niños aprenden las reglas es por tanto poniéndolas a prueba. Estas conductas de “poner a prueba” que molestan tanto a los padres para los niños responden a las preguntas de lo que está bien o lo que está mal.

 

Si los límites son blandos, es decir, la palabra dice “para”, pero la conducta dice “no es necesario” los niños aprenden también a dar mensajes mixtos y dicen “ya lo haré” mientras su conducta dice “no tengo intención de hacerlo”.

 

Establecer límites firmes es sencillo pero requiere formas distintas a las que estamos acostumbrados. Veamos un ejemplo.

 

Imaginemos que una niña de 3 años está en la mesa haciendo burbujas con su taza y sin tomar el desayuno. Su padre con voz tranquila dirá “en la mesa no se hacen burbujas. Sé que sabes usar la taza adecuadamente pero si no lo haces tendré que quitártela”. La niña para y a los 5 minutos vuelve a hacer lo mismo. Sin decir más, el padre coge la taza y se la lleva “podrás tener la taza cuando suene la alarma”. Pone el cronómetro y 10 minutos después se la devuelve. Sin recordatorios, ni amenazas. Esta conducta se repetirá de la misma forma las veces que haga falta.

 

 

Algunos dirán “claro, la teoría es muy sencilla pero tendrías que ver a mi hijo”. Efectivamente en un artículo es muy difícil explicar cómo  reaccionar ante cada puesta a prueba de los hijos, no obstante será útil llevar a cabo los siguientes pasos:

 

1. Ser consciente del tipo de educación que he recibido yo. ¿Cómo me puede estar influyendo esto en la actualidad?

 

2. ¿En qué modelo me reconozco más? Permisivo, punitivo, mixto…

 

3. ¿Mis mensajes verbales son claros? ¿Mis mensajes van apoyados por un límite conductual firme? A veces para esto es útil grabarse o preguntar a otras personas presentes (familiares, amigos).

 

4. ¿Qué ha aprendido mi hijo de esta interacción?

 

5. ¿Qué haría distinto la próxima vez yo como padre?

 

 

Creo que si se empiezas a poner en marcha estas 5 preguntas inevitablemente mejorarás en tu tarea de “profesor de límites”.

Os invito no obstante a plantear vuestras dudas, consejos o comentarios que os surjan después de leerme.

 

 

 

 

Elena de Miguel

 

 

 

 

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mar

01

abr

2014

¿Estás satisfecho con tu vida?

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Hoy os contaré una historia que escuché hace ya algún tiempo y estoy segura de que no os dejará indiferentes, como a mí en su día no lo hizo:

 

 

Dos monjes que dedicaron toda su vida a servir a la comunidad hicieron una vez 40 días de ayuno y penitencia.

Tras este duro periodo se les apareció un ángel y a los dos les dio el don de conocer el día de su muerte.

 

El primer monje decidió prepararse para la muerte y tomó algunas tablas. Con ellas construyó un ataúd y cargó con él a todos los sitios para que la muerte no le pillara de improviso. Por la noche se metía en él y se enterraba bajo tierra y así continuo hasta el día de su muerte.

 

El otro monje decidió aprovechar los días que le quedaban y considerando que ya estaba preparado para vivir con los demás se fue a la ciudad. Reunió a todos los suyos y les dijo “me queda poco de vida y quiero que disfrutemos juntos”.  Vivió junto a sus amigos y su familia. Les hizo todo el bien que pudo y aunque estaba triste porque sabía que iba a morir, se esforzaba en que tanto su vida como la de los demás fueran lo más felices posible.

 

Finalmente llegó el día del juicio y ambos monjes subieron al cielo. El ángel que les había revelado el día de su muerte, les recibió y les dijo: “se os reveló el día de vuestra muerte porque habíais sido buenos y para que aprovecharais los días que os quedaban disfrutando de vuestra vida. Por tanto a partir de ahora seguiréis haciendo lo que más os ha gustado, es decir, lo que habéis hecho estos días”.

 

 

Cuando uno lee esta historia por primera vez se queda un rato pensando…

 

Muchos a los que cuento esta historia se identifican con ese monje que decide cuidarse de los peligros y pasa toda su vida previniendo “por si”….en este caso la muerte, pero en otros casos puede ser una enfermedad, puede ser evitar mantener relaciones de pareja por si les hacen daño, en definitiva dedican su vida a luchar para que lo malo que les suceda no les pille desprevenidos.

 

Esta lucha que se observa muy bien en esta historia tiene un resultado infructuoso, la muerte llega igual para ambos y mientras uno a pesar de que sabía que el final llegaría dedica aprovechar el tiempo que le queda, el otro decide evitar todo peligro apartándose del mundo y de lo que más le gusta.

 

Imaginemos que como en la historia llegara el final de nuestros días y el mismo ángel de esta historia viniera a visitarnos y nos dijera que después de nuestra muerte vamos a seguir haciendo lo mismo que hemos hecho hasta ahora.

 

¿Estaríamos satisfechos? ¿O habría algo que nos gustaría hacer o dedicar más tiempo?

 

Sin duda el mensaje de esta historia es muy profundo. A veces la vida de una forma u otra nos da este mismo mensaje, pero no le hacemos mucho caso.

 

Hoy mi intención con esta historia es darte un toque, para que reflexiones, para decirte que estás a tiempo, que todavía hay muchas cosas que puedes hacer a pesar del dolor, a pesar del miedo y a pesar de que muchas cosas en la vida no están bajo nuestro control.

Decirte hoy que hagas como el segundo monje que hagas todo aquello que el día de mañana te haga sentir satisfecho de la vida que viviste.

 

 

 

Elena de Miguel

 

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lun

17

jun

2013

5 libros imprescindibles de psicología positiva

 

El estudio del bienestar y las fortalezas es uno de los objetivos que persigue la psicología positiva. Por ello hoy quiero recomendaros 5 libros de obligada lectura para entender en qué se basa y cuales son los nuevos conceptos que propone. 

Estos libros no son libros de autoayuda si no que exponen de una forma rigurosa las investigaciones y teorías creadas en este ámbito.

 

 

 

1. Optimismo inteligente. Mª Dolores Avia y Carmelo Vázquez. Alianza Editorial (1998) 

Este fue uno de los primeros libros que se publicó en este ámbito.Cuando todavía no podía hablarse de psicología positiva. Expone de una manera accesible para todo tipo de públicos, pero seria y contrastada diversos temas que nos afectan y nos acerca los primeros pasos que se dieron sobre el estudio del bienestar.

 

 

 

2. Los patitos feos. La resiliencia. Una vida infeliz no determina la vida. Boris Cyrulnik. Gedisa (2000)

En este libro se estudia  la resiliencia, es decir aquellos factores que contribuyen a que a pesar de vivir circunstancias dificiles una persona sea capaz de transformarlo en crecimiento personal.

 

 

 

3. La auténtica felicidad. Martin Seligman. Ediciones B (2003)

Este fue el primer libro que publicó Seligman después de "reconvertirse" a la psicología positiva. Aunque este libro se suele encontrar entre los libros de autoayuda expone de una manera práctica pero rigurosa las primeras investigaciones y teorías de éste autor. A pesar del gran marketing que ha creado Seligman en torno a su figura es un investigador riguroso que formuló importantes teorías como la de la indefensión aprendida.

 

 

 

4. La vida que florece. Martin Seligman. Ediciones B (2011)

Del mismo autor, aquí expone la nueva teoría acerca del modelo de bienestar que denomina PERMA.

 

 

 

5. Fluir (flow): una psicología de la felicidad. Mihalyi Csikszentmihalyi. Kairos (1997)

Este autor de nombre impronunciable es otro de los principales autores en positiva. Expone el concepto de flow o estado de flujo donde se pierde la conciencia del tiempo y está situado en el punto medio entre exceso de activación y el aburrimiento.

 

 

 

 

 

 

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