lun

21

abr

2014

Usos del coaching I: Coaching para opositores

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Para que todos podamos entender un poco más que usos puede tener el coaching voy a intentar ir explicando distintas utilidades que puede tener y cómo aplicarlo en estos casos específicos.

 

 

He decidido empezar por un uso poco conocido y quizá no demasiado frecuente pero que por mi propia experiencia puedo decir que aporta muchos beneficios.

 

 

Yo conocí el coaching desde mi rol de opositora en esos momentos. Es por ello que quizá siempre he intentado aplicarlo a ese uso porque a mí en mi momento me ayudó y he visto como también a otras personas lo ha hecho.

 

 

 

Como muchos sabréis el coaching implica conseguir un objetivo. Cuando el objetivo se consigue, el proceso se acaba. El coach tiene un rol de facilitador, es decir, no guía, no da consejos, no es mentor, no es terapeuta.

 

Con sus preguntas pretende que el coachee o cliente se plantee nuevas visiones y alternativas que no veía desde su visión del mundo.  Cada uno tenemos nuestro modelo de mundo y eso tiene una serie de beneficios y limitaciones.

 

Cuando nos quedamos atascados en un punto es porque estamos topándonos con esa limitación. Es en este momento cuando el coach interviene planteando una pregunta distinta a la que nosotros nos haríamos, al ser nueva, también generará una nueva respuesta en nosotros que puede que nunca nos hubiéramos planteado, si la vemos viable, puede llevarnos a un nuevo curso de acción. Es ahí donde radica la fuerza del coaching.

 

 

 

Pero ¿qué tiene que ver esto con unas oposiciones?

 

 

Cuando uno prepara unas oposiciones tiene claro su objetivo: sacar plaza. Sin embargo este objetivo no sería un objetivo bien formulado desde el coaching, ya que en primer lugar, no todos los factores dependen de mí; en segundo lugar, tal como lo hemos formulado no hemos considerado el tiempo que nos va a llevar o el coste que nos va a suponer, entre otros.

 

 

Es por tanto necesario en primer lugar saber qué objetivo es más ajustado a mi caso. En las academias o los preparadores personales, en general, por lo que yo conozco. Suelen tener poco en cuenta este factor “intra personal” el temario es este, y o bien tú te apañas y te organizas por tu cuenta, o yo te doy una organización genérica, sin tener en cuenta cómo estudia cada uno. En un primer momento esto es una fuente extra de estrés para el opositor porque o no llego, o no sé si otros están haciendo más que yo…

Es en este primer aspecto ya podríamos ver uno de los usos u objetivos del coaching: una planificación más acorde a la persona.

 

 

Por otro lado hay un montón de estados de ánimo y emociones que surgen al pasar tanto tiempo delante del libro y tanto tiempo apartado de las cosas que pueden producirme placer. El ser consciente de las renuncias que tengo que hacer, el ser capaz de gestionar mi frustración cuando no avanzo, mi tristeza cuando he tenido un día malo, mi impotencia cuando no puedo demostrar todo lo que sé… Todo esto podría convertirse en otro objetivo a trabajar desde el coaching.

 

 

También el sacar una plaza, supone que tenemos que ser mejor que otra mucha gente que se presenta. Esta es una obsesión que suele traer de cabeza a todo buen opositor, sin embargo no está dentro de mi marco de acción el poder controlarlo. Sí puedo controlar mi propio proceso y mejorar mi rendimiento, sin compararme, pero si exigiéndome ir mejorando respecto a mí mismo. Estableciendo medidas objetivas y subjetivas para que yo sienta este progreso. También esto podría trabajarse desde el coaching.

 

 

Además como decía al principio no todos somos iguales, y cada uno disponemos de unas herramientas, recursos y fortalezas que podemos poner en marcha a la hora de facilitarnos el estudio. Uno puede usar su creatividad para aprender de una manera distinta, otro puede aplicar su amor al aprendizaje para retener datos que le parezcan interesantes y habrá otras fortalezas que todo buen opositor debe aprender a cultivar: como puede ser la perseverancia, la curiosidad, la valentía, la autorregulación, la esperanza… Este sería otro de los aspectos que deben tener en cuenta tanto coach como coachee.

 

 

 

 

Estos son algunos de los temas que podrían ser objeto de un proceso de coaching para opositores, sin embargo cada objetivo y cada proceso es personal, pero espero que os haya servido para aportar un poco de luz a la visión del coaching en la práctica.

 

 

 

 

 

Elena de Miguel

Psicóloga y coach

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mar

25

mar

2014

El proceso de cambio

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Normalmente cuando alguien acude a terapia o a coaching tras la demanda inicial viene encubierta la idea del cambio. Unas veces de una manera más clara y otras de una forma más difusa.

 

 

“Me siento triste → Me gustaría sentirme mejor” “Quiero encontrar o cambiar de trabajo” “Tengo muchas discusiones con mi pareja → Me gustaría que mi relación de pareja sea más armoniosa”. Estos son algunos ejemplos pero lo cierto es que hay tantos procesos de cambio como personas.

 

 

 

Sin embargo esto no es un camino de rosas, aunque la persona puede ir viendo a lo largo del proceso que lo que necesita es un cambio normalmente nos resistimos a ello. Esto no ocurre sólo cuando se acude al psicólogo, si no que en nuestra vida vemos constantemente como nos aferramos a modos de actuar o responder que pueden resultar disfuncionales. 

 

 

 

¿Por qué ocurre esto?

 

 

Como suele decirse coloquialmente “más vale malo conocido que bueno por conocer”. Este dicho tiene un poco que ver con lo que nos pasa. Frente a una respuesta nueva que no conocemos, que tendríamos que empezar a construir de 0 y que no sabemos cómo puede resultar, los hábitos se imponen perpetuándose en el tiempo, porque al menos con un hábito sabemos el resultado que vamos a obtener, aunque no sea del todo bueno.

 

 

 A menudo la misma idea de querer provocar el cambio tiene como resultado el efecto contrario. Esto puede verse de forma muy clara en las personas que quieren dejar de fumar y una y otra vez vuelven a lo mismo. Deciden ponerse manos a la obra sin ningún análisis previo de lo que les pasa y muchas veces la ansiedad que conlleva un cambio de tales dimensiones les lleva a desistir.

 

 

 

¿Qué podemos hacer?

 

 

Cuando no sabemos muy bien lo que nos pasa ahora, lo único que tenemos claro es que queremos cambiar, salta  a la vista que nos falta información.

 

 

En el caso de un fumador por ejemplo, antes de proponerme dejarlo puede ser adecuado dedicar un tiempo a  observar en qué ocasiones fumo más: contextos, personas, circunstancias emocionales… Al tener más datos me será más fácil combatirlo.

 

 

Si es algo menos evidente como determinadas formas de actuar o pensar, el proceso es algo más complejo,  pero no deja de ser el mismo. Dedicar tiempo antes de saltar al cambio a observar el proceso que quiero cambiar: mis pensamientos, mis conductas, mis emociones, con qué personas me pasa…

 

 

 

Una vez que somos conscientes del proceso que queremos cambiar, sabremos CÓMO ocurre. No es tan importante saber el ¿por qué ocurre? Que sin embargo parece que es siempre en lo que más energía gastamos “¿Por qué me pasa a mí esto?” “¿Por qué soy así?” El no tener respuestas sobre esto puede frustrarnos más que ayudarnos y desde luego no es imprescindible para cambiar.

 

 

Lo verdaderamente importante es ¿cómo ocurre? Y ¿para qué ocurre? Esta segunda pregunta es más difícil de contestar pero muy importante.  Cualquier conducta, pensamiento, interacción que realizamos la realizamos para lograr algo del medio.

 

 

 ¿Para qué llora un niño? Para obtener la atención de su madre

 

¿Para qué discute una pareja? Para imponer su punto de vista, para conseguir algún beneficio…

 

 

Los motivos pueden ser múltiples pero es necesario ser sinceros con nosotros mismos y ver cuál son los motivos últimos que perseguimos con esas actuaciones. En psicología solemos hablar de beneficios secundarios, en definitiva son aquellos beneficios más o menos ocultos que pueden estar detrás de una conducta aparentemente sin mucho sentido.

 

 

 

Una vez que sabemos ¿cómo ocurre? Y ¿Para qué ocurre? Tendremos que analizar ¿qué queremos cambiar y qué no? Quizá tras analizar esos “beneficios secundarios” nos demos cuenta que hay cosas que queremos conservar y por tanto no vamos a cambiar. O tras nuestros análisis podemos darnos cuenta que hay ciertas cosas que no dependen de nosotros. En ambos casos la actitud sería ACEPTACIÓN. Aceptar esas partes que por el momento ni podemos, ni queremos cambiar.

 

 

 

Después de este análisis tendremos claro aquello que sí queremos cambiar y el proceso completo de cómo ocurre. Alterando este proceso conseguiremos ese esperado cambio.

 

 

Por ejemplo si quiero dejar de fumar y sé que fumo más cuando tomo café puedo evitar tomarlo, puedo evitar llevar tabaco cuando tomo café…

 

 

Si me doy cuenta que discuto con mi pareja cuando tocamos determinados temas, puedo poner especial atención para cortar las discusiones cuando surjan estos temas. O si sé que mi motivación es llevar razón, puedo proponerme ceder en alguna cosa.

 

 

 

Como veis el cambio es un largo proceso que requiere un análisis previo y  podríamos resumir en:

 

 

 “Darse cuenta” poner atención a aquello que quiero cambiar siendo consciente de sus elementos más simples.

 

 

Averiguar para qué lo hago, que me motiva a seguir manteniendo esa conducta.

 

 

Aceptar aquello que no quiero o no puedo cambiar.

 

 

Con todos los datos que obtengo iré modificando los componentes (situación, personas, conductas, pensamientos…) que intervienen en ese proceso.

 

 

 

 

No dejes que tus hábitos te dominen y conviértete en el dueño de tu vida. Como comentaba hace poco por aquí: Cambiar requiere hacer algo distinto.

 

 

 

 

 

Elena de Miguel

Psicóloga y coach

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lun

17

feb

2014

¿Sabemos hacia dónde nos dirigimos?

Si miramos a nuestro alrededor parece que hay dos sentimientos que nos rodean: la desesperanza y la desmotivación. Desde estos estados es muy difícil decidirse a intentar algo y muchas veces ponemos la excusa de es que tal cómo están las cosas…qué voy a hacer yo.

 

 

 

Ciertamente hay parte de la situación actual que escapa a nuestro control pero nosotros siempre podemos hacer algo.

 

 

 

Cuando una persona no tiene sus necesidades básicas cubiertas es muy difícil  pensar en nada más, su vivencia diaria se dirige solamente a sobrevivir, sin esperanzas en el futuro. Desgraciadamente en esta situación se encuentra cada vez más gente a la que no le queda otra que recurrir a la ayuda comunitaria.

 

 

 

Pero si lo pensamos bien, la mayoría de nosotros, por suerte no estamos en esa situación. Sí tenemos esa seguridad mínima y aunque quizá a veces nuestro futuro sea incierto, en general tenemos esperanza.

 

 

 

¿Por qué no nos movemos entonces?

 

 

Pues muchas veces por miedo a ese entorno en el que nos encontramos sumergidos, a arriesgarnos o equivocarnos con la que está cayendo y otras veces también porque no sabemos dónde dirigirnos.

 

 

 

Lo primero por tanto, antes de ponerme en camino es tener una META, sin una meta somos como el marinero que está en medio del mar sin brújula. Con una brújula siempre sabremos cual es el Norte.

 

 

 

¿Y qué es imprescindible que tenga una meta?

 

 

-          Debe ser específica

 

-          Debe contener una acción

 

-          Realista

 

-          Debe ser medible, objetiva en la medida de lo posible

 

-          Debe inscribirse en un periodo temporal

 

-    Debe suponer un desafío pero sin sobrepasar nuestros  recursos

 

-          Debe ser motivante, debe gustarme

 

 

Por ejemplo una meta podría ser:

 

 

Incrementar un 10% las ventas de mi negocio en un plazo de 3 meses

 

 

 

Entonces debería analizar los parámetros anteriores:

 

 

¿Es algo específico? Parece que sí

 

¿Contiene una acción? Sí, lo que quiero es incrementar mis ventas

 

¿Es realista? Pues tengo esperanza en que así sea (aquí deberé establecer un plan de acción de cómo voy a lograr ese objetivo y ver si es realista)

 

¿Es medible? Sí un 10% más de lo que tengo ahora. Esto no es tan claro en todas las metas pero sí intentar que en la medida de lo posible sea objetivo para saber cuándo lo he conseguido.

 

¿Tengo un periodo temporal? Sí, 3 meses

 

¿Es para mí un desafío sin superar mis recursos? Sí (aquí debería analizar primero cuales son mis recursos tanto internos como externos y si no dispongo de ellos ajustar mi meta a ellos.)

 

¿Me motiva? Por supuesto

 

 

 

El hecho de tener una META a uno ya le da una guía de viaje, y en sí mismo resulta motivante y mejora nuestro nivel de bienestar. Nos permite aprender, crecer, comprometernos con algo y genera acción. Además nos va proporcionando feedback al analizar si nos estamos acercando a esa meta o por el contrario nos alejamos.

 

 

 

 

Así que ya sabes  antes de ponerte en marcha, ten claro el objetivo al que te diriges. Cuando lo tengas claro y hayas llevado a cabo este análisis que te propongo ya no hay más excusas es el momento de ir a por ella.

 

 

 


Elena de Miguel

Psicóloga y coach

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lun

07

oct

2013

Aclarando términos: Diferencias entre coaching y terapia

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Muchas veces me preguntan por la diferencia entre ambas disciplinas. Hay gente que todavía no tiene clara la labor de un psicólogo y mucha más que no sabe en que consiste el coaching, por ello en esta entrada me gustaría aclarar algunas dudas y mitos sobre ambos procedimientos.

 

 

 

Para mí el coaching es un procedimiento principalmente para lograr objetivos. Desde esta perspectiva traemos algo que queremos del futuro (por ejemplo, quiero conseguir un mejor trabajo) es decir ¿qué quiero conseguir? hacia el presente ¿Cómo voy a conseguirlo?

 

 

Cuando el objetivo esté formulado de una manera objetiva, medible, que resulte alcanzable y motivante para el cliente se empezarán a establecer submetas y acciones concretas para lograrlo.

 

 

 

En este sentido sería mucho más concreto que la terapia. Ya que el psicólogo necesita recabar mucha más información sobre distintos aspectos de la vida del cliente para formular a partir de esa información sus hipótesis y el tratamiento más eficaz para cada caso. Por ello el procedimiento tiene que ser inevitablemente más directivo, aunque la directividad dependerá mucho del tipo de cliente y de la corriente del terapeuta.

Hay personas que aunque están pasando por un momento muy duro y se encuentran desbordados tienen un gran poder de introspección. Es decir se observan muy bien a ellos mismos y enseguida identifican cosas que no están funcionando bien. Otras sin embargo necesitan más guía por parte del terapeuta para hacerles consciente de cosas que no son capaces de ver por ellos mismos.

 

 

En coaching esto no es necesario ya que el proceso no es nada directivo, el coach formulará preguntas y es a partir de las respuestas del cliente desde las que se irá desarrollando el proceso. El coach siempre confiará en que su cliente es perfecto y tiene todas las respuestas para conseguir su objetivo sólo que todavía está en un punto dónde no es capaz de verlas.

 

 

Quiero centrarme sobretodo en este post en la que para mí es la principal diferencia entre coaching y terapia. Esta es, el tipo de cliente al que va orientado.

 

 

Una persona que acude a terapia en principio es porque presenta dificultades en su vida que no se ve capaz de manejar solo, estas limitaciones pueden afectar a algún área concreta como podría ser el caso de una fobia social o fobia a volar, o podría ser mucho más amplia como en el caso de una depresión o un trastorno de conducta alimentaria entre otros.

 

 

En coaching es necesario que la persona NO tenga estas limitaciones porque el proceso exige de recursos a la persona para contestar a las preguntas que le formula el coach, necesita ser capaz de formular un objetivo y de llevar a cabo acciones desde el principio para movilizarse hacia él.

 

 

Esta diferencia es muy importante a mi parecer, y personas que sean coach pero no sean psicólogos tienen que tener mucho cuidado  porque si  no distinguen a  personas con un síndrome clínico pueden conseguir la frustración de su cliente y de ellos mismos, entre otros muchos problemas más graves.

 

 

Algunas indicaciones que nos pueden indicar un problema psicopatológico son:

 

- Emociones demasiado intensas durante el proceso o gran presencia de emociones negativas en detrimento de las positivas.

 

 

- Incapacidad para generar soluciones u observación por parte del coach  de que la persona aplica siempre una misma solución que no funciona a distintos ámbitos de su vida y la persona no es consciente de ello.

 

 

- Sensaciones de incapacidad, desbordamiento, baja autoestima. La persona que acude a un coach puede tener cierto bloqueo a la hora de resolver un problema pero desde luego no están presentes todas estas sensaciones tan incapacitantes.

 

 

- Falta de recursos o habilidades. Si la persona no dispone de habilidades por ejemplo para relacionarse y es algo necesario para el logro del objetivo. Es imprescindible un entrenamiento previo en este aspecto.

 

 

- Inacción, a pesar de que se proponen acciones concretas si la persona constantemente dice que no se ve capaz de hacerlo sería necesario observar si existe algún otro problema clínico que lo está impidiendo.

 

 

Estos son algunos ejemplos pero si cliente o coach sienten durante el proceso que éste no avanza es necesario parar y plantearse si quizá alguno de estos puntos pueden estar influyendo.

 

 

Espero que con esto haya podido aclarar algunas dudas acerca de la barrera en muchos casos “líquida” entre terapia y coaching. No obstante si queda alguna duda podéis preguntarme y estaré encantada de contestaros :-)

 

 

 

Elena de Miguel

Psicóloga y coach

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jue

23

may

2013

El arte de la paciencia para conseguir objetivos

 No hay que ser agricultor para saber que una buena cosecha requiere de buena semilla, buen abono y riego constante.

 


También es obvio que quien cultiva la tierra no se para impaciente frente a la semilla sembrada y grita con todas sus fuerzas: "¡Crece, maldita seas!"...

 


Hay algo muy curioso que sucede con el bambú japonés y que lo trasforma en no apto para impacientes: Siembras la semilla, la abonas, y te ocupas de regarla constantemente.

 


Durante los primeros meses no sucede nada apreciable. En realidad no pasa nada con la semilla durante los primeros siete años, a tal punto, que un cultivador inexperto estaría convencido de haber comprado semillas infértiles.

 


Sin embargo, durante el séptimo año, en un período de solo seis semanas la planta de bambú crece ¡más de 30 metros!

¿Tardó solo seis semanas crecer?.  

No. La verdad es que se tomó siete años y seis semanas en desarrollarse.

 


Durante los primeros siete años de aparente inactividad, este bambú estaba generando un complejo sistema de raíces que le permitirían sostener el crecimiento que iba a tener después de siete años.

 


Sin embargo, en la vida cotidiana, muchas personas tratan de encontrar soluciones rápidas, triunfos apresurados sin entender que el éxito es simplemente resultado del crecimiento interno y que éste requiere tiempo. Quizás por la misma impaciencia, muchos de aquellos que aspiran a resultados en corto plazo, abandonan súbitamente justo cuando ya estaban a punto de conquistar la meta.


Cuento Zen.

 

La paciencia es un difícil arte, queremos resultados ¡ya! en el momento. Si emprendemos esfuerzo y no los vemos, en muchos casos nos damos por vencidos. ¿No hemos conseguido nada con tanto esfuerzo?

 


A veces hay que pararse a pensar:

1. ¿Estamos planteando bien nuestro objetivo?

2. ¿Estamos poniendo todo de nuestra parte para lograrlo?

3. ¿Las estrategias que estamos usando son las adecuadas?

4. ¿Somos capaces de reconocer nuestros progresos?

5. ¿Es necesario más tiempo para ver resultados?

6. ¿Ese objetivo que nos planteamos un día sigue vigente o hay que modificarlo?

 

Estas son sólo algunas preguntas que son posibles pero cada uno puede hacer las suyas,  antes de rendirse es importante hacer un análisis exhaustivo para detectar cambios posibles y alternativas o si definitivamente ese ya no es nuestro objetivo aprender para la vez siguiente. Pero sobretodo, tener paciencia porque quizá las raíces como en el bambú están formadas y sólo necesitan tiempo para asomar a la superficie.

 

¡No te rindas antes de tiempo!

 

 

 

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