sáb

16

sep

2017

10 pelis sobre psicología

 

 

 

Se acerca el frío y los días de manta y peli… Así que el artículo de hoy os acerca a las 10 mejores películas a mi juicio sobre psicología y trastornos mentales para que estéis entretenidos  y además aprendáis un poco sobre esta disciplina.

 

  1. La naranja mecánica

Narra la historia de un grupo de jóvenes ultra violentos que se dedican a aterrorizar a la población. El protagonista, Alex, es sometido a un duro método psicológico de reeducación para convertirse en un ciudadano civilizado.

 

  1. Alguien voló sobre el nido del cuco

Cruel descripción del sistema psiquiátrico americano Randle, es un hombre de espíritu libre, que tras pequeños atracos es recluido en un psiquiátrico, en lugar de ir a la cárcel. A partir de éste hecho se narra la vida dentro del mismo así como las duras condiciones de cada uno de los enfermos que allí habitan.

 

  1. El experimento

Basada en el polémico experimento de Zimbardo donde 20 hombres son expuestos a una simulación de una prisión donde 8 hombres simulaban ser guardias y 12 hombres simulaban ser prisioneros, durante dos semanas y la recompensa seria de dos mil dolares.

 

  1. Mejor imposible

El protagonista de esta película de humor es Melvin, que padece trastorno obsesivo compulsivo. Desde la narración de su historia permite conocer los síntomas del trastorno así como los problemas que le origina en su rutina diaria.

 

  1. Una mente maravillosa

Un brillante estudiante de matemáticas comienza a obsesionarse con una teoría matemática original. La idea que al principio le lleva al éxito más tarde lo atrapa en las redes de la enfermedad mental, en concreto, de la esquizofrenia.

 

  1. Cisne negro

Dura película en la que la obsesión por el baile y la perfección llevan a la protagonista a que su mente le juegue una mala pasada en la que le sea muy complicado distinguir realidad y ficción.

 

  1. Rain man

El protagonista de la película es Raymond, un joven autista que vive recluido en un centro especial. Su hermano se acerca a él por motivos de herencia lo que les lleva a emprender un viaje juntos, llegando a entender su enfermedad.

 

  1. Inside out

Reciente película de Disney que nos transporta al mundo de las emociones. A través de la protagonista Riley, conoceremos su proceso interior de dejar de ser niña y convertirse en adolescente.

 

  1. Yo, yo mismo e Irene

Comedia donde el protagonista Charlie, sufre un trastorno disociativo que le lleva a tener dos personalidad totalmente opuestas. La película narra las peripecias de Charlie y su alter ego Hank para conquistar el amor de Irene.

 

  1. Requiem por un sueño

Dura visión del mundo de las drogas y de cómo las vidas de los personajes se van a traste tras meterse en este poco recomendable mundo. Desde un inicio despreocupado a un final trágico.

 

 

Espero que os gusten y que propongáis vuestras favoritas.

 

 

Cambio en positivo

mar

06

sep

2016

Drogas para no pensar

 

 

 

  

 

Cuando uno habla de drogas y drogadictos inevitablemente le viene a la cabeza la imagen del “yonki” tirado en alguna esquina tratando de sobrevivir un día más para conseguir más droga.

 

Nada más lejos de la realidad. Hoy las drogas son muchas y los drogadictos habituales son imposibles de reconocer entre la gente.

Entendiéndose como droga, toda aquella sustancia u objeto que nos controla más que nosotros controlar la sustancia o el objeto.

 

Algunas siguen siendo ilegales: cocaína, cannabis, heroína; otras son legales como el alcohol, las máquinas tragaperras o las apuestas; otras las recetan los médicos: ansiolíticos, hipnóticos; otras son de nueva generación: las nuevas tecnologías… Y podría seguir. Ante las primeras todos nos llevamos las manos a la cabeza si nuestro hij@, marido o esposa las consume, el resto, suelen pasar más o menos inadvertidas.

 

Además de esa capacidad de controlarnos tienen otra cosa en común. Obviamente nos reportan placer o nos evitan el malestar, pero además otra característica importante es que nos evitan pensar demasiado. Pues no está mal diréis… No, si no lo usas como estrategia habitual para este último fin.

 

Actualmente vivimos en una sociedad convulsa, con problemas de paro, trabajos precarios, familias desestructuradas y otros muchos problemas. A lo largo de toda la historia de la humanidad ha habido problemas parecidos, sin embargo,  la manera de enfrentarnos a ellos no siempre ha sido igual.

 

 

Hablaré ahora de las drogas legales, en concreto de las que se recetan y se compran en farmacia los "psicofármacos".

Como terapeutas, recibimos frecuentemente en nuestras consultas personas que demandan medicación para situaciones que en cualquier otro tiempo de nuestra historia hubiera sido impensable solucionar acudiendo a salud mental. Despidos improcedentes, horas abusivas de trabajo, imposibilidad de conciliar la vida familiar y el trabajo…

 

Muchos vienen ya con su propio diagnóstico: depresión, ansiedad generalizada, trastorno de pánico, agorafobia… Como terapeutas, nos resulta difícil luchar con un síntoma o diagnóstico que protege de luchar contra una realidad que en muchos casos, es cuanto menos injusta. 

No suele ser muy bien recibido entre muchos, sobre todo entre aquellos que tienen el poder que se diga “mire no es usted una persona ansiosa, es la sociedad la que presiona, deshumaniza y enferma”.  Algunos te miran y preguntan “¿y qué hago, entonces?” y resulta más frustrante decir todavía “ojalá pudiera decirle, únase a un sindicato, forme una cooperativa con otras personas en la misma situación que usted, busque un abogado…”

Puede que no le sirva de nada, pero desde luego lo que sin duda no resolverá su problema es tomar 5 pastillas distintas, que sí, con suerte, harán que su descanso sea más profundo, sus ataques de pánico desaparezcan,  su estado de ánimo sea mejor, sus obsesiones y compulsiones sean más llevaderas, pero siento decirle que nunca harán que su problema desaparezca.

 

Me recuerda un poco a una fábula muy conocida. La fábula de la rana y el agua caliente:

 

Si ponemos una olla con agua fría (a veces dicen temperatura ambiente) y echamos una rana esta se queda tan tranquila. Y si a continuación empezamos a calentar el agua poco a poco, la rana no reacciona sino que se va acomodando a la temperatura hasta que pierde el sentido y, finalmente, morir achicharrada.

 

Somos nosotros y nuestras “drogas” como esta rana. Nos van anestesiando y a pesar de que las circunstancias se van poniendo cada vez peor, estas drogas consentidas nos impiden cualquier tipo de lucha productiva. Nos vamos adaptando a situaciones de lo más inverosímil hasta que el cuerpo o la mente explota y surge el síntoma y entonces pedimos ayuda para seguir funcionando en la misma dinámica e ir aumentando la dosis. Y más de lo mismo.

 

 

 

 

 

 

 

 

Elena de Miguel

Psicóloga

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dom

15

may

2016

¿Qué es mindfulness o atención plena?

 

 

 

Seguramente que muchos de vosotros habréis oído alguna vez esta palabra, pero quizá pocos os hayáis adentrado en conocer lo que realmente significa. Como todas las modas muchos dirán que han practicado “mindfulness” alguna vez, sin embargo es difícil practicar algo que es más bien una actitud ante la vida.

 

 

Durante mucho tiempo los psicólogos nos hemos esforzado por extender la idea de que es posible “controlar el estrés o los pensamientos”. Resultando en muchas ocasiones frustrante para pacientes o terapeutas que no lograban “eliminarlo” como si de una mala hierba se tratara. Esta creencia nos persigue a los psicólogos en la mayoría de nuestras consultas cuando un paciente dice “quiero que me quites esta ansiedad, esta depresión, este sufrimiento…” Resulta complicado en ocasiones explicar a la persona que tienes en frente que esta labor que ha leído en múltiples libros de auto ayuda y que está tan extendida en la sociedad es una hazaña imposible de alcanzar.

¿Cómo explicar esto sin caer en el desánimo o la desesperanza?

 

 

 A veces hay que partir de los múltiples intentos anteriores  de la persona de “eliminar aquello que les hace sufrir” y hacerles ver que quizá si tras tantos intentos no lo han conseguido, no es porque sean unos inútiles, si no porque el camino que han elegido no es el adecuado. Esto sorprende a quien lo escucha por primera vez y si después de esto deciden quedarse y seguir pensando juntos, será el momento de plantear la siguiente idea.

 

 

Imaginemos que tenemos dos botones dentro de nosotros. Uno que controla el nivel de sufrimiento al que estamos sometidos y otro que controla nuestra tolerancia al mismo. Todos pasamos nuestra vida intentando controlar el primero para saber la manera de reducir ese nivel y lo único que conseguimos es que el botón aumente de intensidad, pocos se fijan en el otro botón que ofrece una nueva posibilidad: Aumentar nuestra tolerancia al sufrimiento.

 

 

Es aquí donde podemos enlazar con la idea de lo que supone el mindfulness o atención plena. Gran parte del sufrimiento de nuestra vida surge de la frustración de no poder manejar el primer botón. Nuestra mente nos bombardea con multitud de mensajes que nos recuerdan lo inútiles que somos, como en aquella asignatura de la carrera que suspendiste a pesar de estar todo el verano estudiando o como en esa otra ocasión en que conociste a una chica que te encantaba y no fuiste capaz de decirle nada y podríamos seguir… Si caemos en el error de creer a pies juntillas estos pensamientos, ya no estaremos sufriendo solo por la situación presente si no por el conjunto de errores anteriores que nuestra mente se encarga de mostrarnos.

 

 

La mente funciona así y no podemos pararla… ¿qué hacer entonces? Ser conscientes de cuando este mecanismo comienza a funcionar y ocuparnos de volver al presente. Un mecanismo que suele utilizarse para esto es la respiración. Observar nuestra respiración nos recuerda que solo respiramos en el presente. Existen otros mecanismos  para devolvernos al presente como son los sentidos: solo vemos, oímos, sentimos y olemos en el presente, por lo que si nos centramos en ellos volveremos a conectar con la situación presente.

 

 

¿Qué es entonces mindfulness?

 

Atención al presente + aceptación

 

 

Atención a pensamientos y emociones sin juzgar si son correctos o no. Sin intentar apagar el botón del sufrimiento por muy molesto que nos resulte, aceptando que no depende de nosotros poder apagarlo, pero si depende de nosotros poder aumentar nuestra tolerancia hacia él mediante el “desapego”, es decir, no dejándonos llevar por todos los pensamientos que produce nuestra mente, dejarlos pasar y volver a conectar con el presente.

 

 

 

 

 

Mindfulness es simplemente…

 

 

“ser consciente de lo que está sucediendo ahora mismo sin desear que sea diferente.

 

Disfrutar de lo agradable sin aferrarse a ello, cuando cambie (porque lo hará),

 

Permanecer con lo desagradable sin temor a que siempre sea así (porque no lo será)”

 

James Baraz

 

 

 

 

 

 

 

Elena de Miguel

Psicóloga

 

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sáb

26

mar

2016

La recompensa de la persistencia

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Un hombre decidió cavar un pozo en un terreno que poseía. Eligió un lugar y profundizó hasta los cinco metros, pero no encontró agua.

Pensando que aquel no era el sitio idóneo, buscó otro lugar y se esforzó más, llegando hasta los siete metros, pero tampoco esta vez halló agua. Decidió probar una tercera ocasión, en distinto lugar, y cavar aún mucho más, pero cuando llegó a los diez metros, concluyó que en su terreno no había agua, y que lo mejor era venderlo.

Un día fue a visitar al hombre al cual había vendido el terreno, y se encontró con un hermoso pozo.

- “Amigo, mucho has tenido que cavar para encontrar agua. Recuerdo que yo piqué más de veinte metros, y no encontré ni rastro”, dijo el recién llegado.

- “Te equivocas”, contestó el aludido. “La verdad es que yo sólo cavé doce metros, pero a diferencia de ti, siempre lo hice en el mismo sitio.”

 

 

¿Cuántas veces nos pasa ésto? Queremos conseguir algo, lo intentamos mil veces pero al final acabamos desistiendo. Podríamos decir que lo hacemos "a medio gas", porque nuestra experiencia previa nos dice que ya lo hemos intentado previamente y no ha dado resultado.  Piensa si en tu vida actualmente hay alguna ocasión en la que te has podido sentir como el hombre de la historia, con la sensación de ir cavando agujeros y nunca encontrar agua. Piensa también si no te pasará como a él, que nunca te has detenido a cavar con la suficiente  energía y durante el suficiente tiempo. Puede ocurrir por distintos motivos: por falta de motivación, por no creerte capaz de conseguirlo, por miedo a otro fracaso... Lo cierto es que a veces vamos acumulando fracasos por no ser lo suficiente persistentes.  Mi consejo de hoy es que antes de rendirte del todo, intentes cavar una vez más, porque quizá esta vez sí, por fin encuentres el agua que siempre ha estado ahí, solo que un poco más profunda.

 

 

Elena de Miguel

 

 

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vie

08

ene

2016

Instalados en la crítica: 5 pasos para que tu crítica sea constructiva

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Más de una vez he pensado que a veces deberíamos pagar una módica cantidad por cada crítica que hacemos al otro. No me refiero a las críticas constructivas formuladas desde la bondad y la humildad de intentar mostrar al otro una manera distinta de hacer las cosas; si no de la crítica destructiva que destruye sin aportar nada. Quizá si nuestra crítica tuviera un pequeño precio nos pensaríamos dos veces si hacerla o no.

 

 

Actualmente las redes sociales contribuyen a esto, ya que el “anonimato” que ofrecen, permite decir cualquier cosa sin medir el daño que puede hacer a quien lo recibe, pero no solo las redes sociales. Nosotr@s cada día a nuestros familiares, hijos, novias, amigos, compañeros de trabajo, subordinados… “menudas pintas llevas”, “vaya mierda de comida, no me gusta”, “no dices más que tonterías”, “¿no sabes hacerlo mejor?”… Podría seguir pero creo que os hacéis una idea de la cantidad de frases que sin pensar lanzamos al otro sin pensar un momento en cómo se puede sentir con ello.

 

 

Hace poco compartía un artículo que hablaba de los beneficios de estar un mes sin quejarse. Me pregunto cuál podrían ser los beneficios de estar tan solo una semana sin hacer críticas destructivas. Estoy segura que nuestras relaciones claramente mejorarían.

 

 

 

¿ Y Cómo podemos hacer críticas que no dañen?

 

 

1. Escucha con atención a la otra persona y sus motivaciones a la hora de hacer lo que ha hecho. Poniéndote en su lugar. Intentando entender por qué ha hecho lo que ha hecho.  Plantéate también,  si la persona desde su visión tenía alternativa o no. Puede que simplemente actuara así porque no podía hacer otra cosa. Si es así. Es mejor callarte.

 

 

2. Si se te ocurre una manera mejor de hacerlo ofrécela como una alternativa más, siendo consciente de que hay tantas perspectivas como personas y ninguna necesariamente mejor que otra. Si estas muy segur@ de que tu alternativa es mucho mejor que la del otro. Te ruego vuelvas al punto anterior.

 

 

3. Valora el esfuerzo del otro al hacer lo que ha hecho. Si has logrado ponerte en su lugar estoy segura que se te habrán ocurrido unas cuantas virtudes sobre el otro para hacer lo que ha hecho. Valentía, respeto, amor, honestidad… Házselo saber.

 

 

4. Contextualiza la crítica en un momento y acción determinados. Esto es: sé concreto. Y ten en cuenta que cuanto más tiempo pase desde que la situación sucede hasta que tú haces la crítica menos útil le será al otro y más fácil será que surjan mal interpretaciones.

 

 

5. Nunca utilices el verbo “ser”. Ej: “no seas cobarde, dile lo que sientes”, “mira que eres sucio, recoge eso”.  Si te refieres a un rasgo personal y no a la situación concreta automáticamente el otro se pondrá a la defensiva.

 

 

 

Por último un sencillo consejo a la hora de decirlo o no. Piensa y sé sincero contigo mism@ contestado a esta pregunta ¿a quién va a servir más la crítica a ti o al otro? Si es la primera opción la que motiva la crítica te recomiendo callarte. Muchas veces criticamos por diversos motivos que tienen más que ver con una misma que con el otro. Que vean lo inteligente que soy, demostrar poder, o aliviar nuestra propia angustia.

 

 

Ojalá que después de leer esto lo pienses dos veces  a la hora de criticar.

 

 

 

 

 

Elena de Miguel

 

 

 

 

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jue

12

nov

2015

Historias dentro de la consulta del psicólogo
























Es difícil explicar lo que ocurre en terapia. El proceso por el cual alguien que sufre por muy diversos motivos acaba pidiendo ayuda a un psicoterapeuta o en el caso de los niños es traído a un psicoterapeuta. ¿Qué ocurre una vez que se cruza la puerta de la consulta?


Se trata de escribir una historia compartida entre paciente y terapeuta. Una historia cuyo protagonista es el paciente y cuyos personajes son muy variados. Yo diría que implica dos cualidades al menos: está teñida con una gran amalgama de emociones y da significado a lo sucedido.


Cada experiencia en terapia es única. Para el paciente y también para el terapeuta, porque no hay dos historias de vida iguales. Ahí reside lo complicado y a la vez lo apasionante de la tarea del psicoterapeuta.



Como es muy dificil describirlo con palabras quiero compartir aquí una de esas historias. Una historia magnífica que aparece en el libro del psicólogo Valentín Escudero “Amenazan con quererme”.

La historia del duelo de una niña que llama Alika por su mamá que murió. Que sirva como ejemplo de una de esas maravillosas historias que a veces tenemos la gran suerte de escuchar como psicoterapeutas.



Nubes


"Mis nubes". Esas dos palabras. Y esta mínima frase en el vértice de sus labios: "Son nuestras nubes, tus nubes, mamá". Una emoción incontenible abraza todo su cuerpo, unas lágrimas invisibles endulzan su lengua como dos gotas de cielo. Alika mira por la ventanilla del avión (su compañero de asiento, que va junto a la ventanilla, está concentrado y murmurando, quizás rezando) y ve las nubes como una inmensa alfombra, maravillosa y acogedora. Cierra los ojos y aparece ella saludando, sentada sobre esa superficie mullida y placentera. Ella, su madre, está ahí sentada, mirándola y moldeando un pedacito de nube.

 

Alika no quiere abrir los ojos, quiere guardar con todo detalle en su memoria esa sonrisa de su madre. Tiene 19 años y está iniciando la que cree será su gran aventura vital, su gran decisión. Acaba de despegar el vuelo transatlántico que la lleva hacia una de las mejores universidades del mundo. Todavía le cuesta creer que lo ha conseguido. Casi todos sus amigos la veían como una soñadora. Nadie negaba su talento, pero sonreían ante sus planes y su incansable indagación en internet para conseguir la beca. “Alika, tus versos no los entienden los blancos”, le decía Bosede, su mejor amiga. Incluso ella misma pensó que todo era un juego mientras lo intentaba. Pero la realidad es que ya está volando. Y era un día gris y nublado al despegar que ahora, mágicamente, es claro y soleado por encima de las nubes.

 

Alika perdió a su madre cuando tenía 11 años por un cáncer que llegó a casa en Navidad, camuflado entre cajas llenas de regalos y cacahuetes nigerianos. Su madre sintió fuertes dolores en la cena de Nochebuena y el día de Carnaval ya estaba vaciando sus últimas dosis de vida en el hospital. Su padre y su hermano mayor fueron los testigos de honor del combate final librado por las células de su madre en ese privado e íntimo campo de batalla que estaba dentro de su abdomen. Pero Alika no pudo ni siquiera despedirse en el hospital porque era demasiado pequeña. Eso escuchó decir, “es muy pequeña para entenderlo”. Ahora sigue siendo pequeña para todos, para su padre y su hermano, para sus tíos y primos, para los chicos que más le gustan, incluso para su mejor amiga. Ella teme que quizás nunca deje de ser pequeña para todos ellos. Por eso se alegra mucho de su perplejidad, todos ellos se han quedado atónitos ante su valentía, su decisión, su coraje. “Y quizás –piensa Alika– por primera vez han entendido que mi talento es para mí una obligación, un mandato de la naturaleza”. Para ella, su talento para unir palabras e inventar historias es la misión prioritaria en su vida. Por eso ganó con diecisiete años un concurso internacional de relatos y vuela hoy hacia ese destino incierto. También por eso tiembla cada mañana, desde que le concedieron la beca para una prestigiosa universidad canadiense, porque nadie puede saber si realmente conseguirá lo que anhela.

 

“Son nuestras nubes, mamá”, repite en silencio mientras sigue imaginando a su madre sin abrir los ojos. Alika es fuerte gracias a las nubes. Las nubes la salvaron de una insufrible melancolía cuando murió su madre. Ahora en el avión, surfeando por encima de ellas, puede rememorar el momento tan decisivo en que se atrevió a contar su secreto en la consulta de aquella psicóloga. Todavía le gusta pensar que la psicóloga no era humana sino un ángel, pero nunca se lo dijo a ella por si le parecía mal. Un año después de la muerte de su madre, su padre decidió que no estaba bien y necesitaba una psicoterapia. Escuchó  como su padre explicaba a la psicóloga que Alika lloraba con frecuencia en soledad y que también, esto parecía ser lo más raro, se quedaba horas tumbada en la playa o en un parque mirando las nubes. “Se abriga bien y busca un sitio para mirar el cielo”, decía su padre con una mezcla de dolor e incredulidad. La fantasía de Alika y su afición a leer relatos africanos e inventar palabras inexistentes fueron el remate final de aquella angustiada queja que su padre descargó sobre la psicóloga como el que se deshace de un pesado saco de patatas.

 

Alika puede ahora recordar que la terapia comenzó de una forma vergonzante y triste para ella, pero la magia surgió en un momento inesperado, y no fue en la primera entrevista sino después de varias sesiones. Ahora que se encuentra volando realmente por encima de las nubes, recuerda con total realismo aquella sencilla pregunta que la psicóloga le hizo con toda naturalidad, y sin perder su habitual amable curiosidad.

 

–¿Por qué te gusta mirar al cielo? ¿Es para hablar con tu madre, para pensar en ella?

 

Alika estaba muy acostumbrada a negarlo y a dar todo tipo de explicaciones falsas pero verosímiles. Sin embargo, en aquella ocasión dijo la verdad. Sin más, y fue fácil.

–Son juguetes que crea mi madre para mi, y juego con ellos.

–¿Juguetes? –preguntó sorprendida la psicóloga, pero sin perder su aura de ángel.

–Gatos, peluches, dragones, muñecas...muchas cosas.

–No sé si te he entendido ¿Los hace tu madre? ¿Esos juguetes?

–Sí, con las nubes.

La psicóloga estaba sorprendida, pero parecía ilusionada.

–Y yo veo como los hace y en ese momento es lo mejor que puede pasarme en este mundo –añadió Alika.

–¿Quieres decir que ves cómo tu madre hace esas formas con las nubes?

–Sí.

–….

–Es muy raro ¿verdad? No lo sabe nadie.

–Es maravilloso, es precioso –respondió la psicóloga con un brillo de emoción en sus ojos.

–¿Lo dices de verdad? Yo desde la primera vez he tenido miedo a que sea algo loco –dijo Alika sin poder disimular su propia emoción ante la respuesta de la psicóloga.

–No, no es loco. ¡Me parece una forma preciosa de conectar con tu madre!

–La primera vez…fue…¿quieres que te cuente?

–Claro!

–Estaba en la playa con mi padre, era un día lleno de nubes y no había casi nadie en la playa. Yo he nacido aquí pero mi padre es Nigeriano y vivió de niño en una playa, vivían de la pesca. Así que él es un fanático de ir a la playa. Y yo creo que allí es donde realmente piensa en mi madre, porque a ella le gustaba mucho pasear por la playa en invierno, incluso con un paraguas en días de lluvia. Decía que ver el mar en invierno le hacía sentirse segura por estar en tierra firme.

–Lo entiendo, a mí también me gustaría poder dar esos paseos en invierno, pero vivo lejos de una playa.

–Nosotros vivimos muy cerca, es como si fuera nuestra playa particular, aunque en verano nos invaden los turistas. Aquel día no había casi nadie y mi padre se había sentado en las escaleras de madera que bajan a la playa, y se puso a leer un libro. O igual hacía como que leía un libro y estaba  pensando en ella, vete a saber. Yo me tumbé en la arena, todavía la ausencia de mi madre hacía que todo el aire fuese más denso, como algo más complicado de respirar, no sé si me entiendes esto.

–Sí, creo que te entiendo Alika, una sensación de falta de aire.

–Sí. Yo me tumbé sobre la arena sin quitarme el jersey, no era para nada un día de playa. Y no pensaba en nada, mi mente a veces se queda así. Y vi como una nube iba cogiendo la forma de un gatito precioso. Y me empecé a emocionar porque me pareció que había algo mágico en ver cómo se creaba esa forma. Y sin más me di cuenta de que era mi madre ¡Ella estaba haciendo esa forma! Ella estaba haciendo ese gatito con las nubes para que yo jugara. Me dio tanta felicidad y tanta fuerza esta idea! Pero no se lo dije a nadie.

–Entiendo, no tienes que preocuparte por eso. Yo te agradezco mucho que compartas ese secreto conmigo. Es un honor.

–¿Entonces no estoy loca?

–No, nada de eso. Después de esa primera vez ¿has visto más veces esas nubes moldeadas por tu madre?

–Sí, de vez en cuando. Pero no vayas a pensar que no sé que no es real. Lo sé, pero también hay algo “real” y maravilloso, pienso que mi madre lo hace para que yo juegue y para que esté bien.

 

Alika siente un suave pinchazo en su hombro y abre los ojos. Su compañero de asiento en el avión, un hombre de unos 50 años con barba blanca y ojos de niño, está mirándola como si fuera un enigma.

–¿Estás bien? Llevas un buen rato con la cabeza entre tus rodillas y los ojos cerrados ¿Estás mareada?

–No no, estoy muy bien.

–Perdón, siento haberte despertado. Es que no sabía…

–No se preocupe. Bueno, gracias por preocuparse…quiero decir. Pero estoy bien.

–Me alegro, nos quedan unas nueve horas de vuelo –dice el hombre volviendo a acomodarse relajado en su asiento.

–Es que estaba reviviendo una conversación que tuve con una psicóloga cuando era pequeña, cuando tenía doce años –explica Alika sin ninguna vergüenza

–¿Fue positiva? Quiero decir ¿te pareció una buena psicóloga? ¿te ayudó?

–¡Era un ángel!

 

–¡Qué alivio! Es que yo soy psicólogo, me alegro de que sea un buen recuerdo, no siempre lo conseguimos.

 

 

 

 

Elena de Miguel

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dom

25

oct

2015

La receta del buen terapeuta

 

 

Hoy hablaré de una receta muy especial. Una receta que no aparece ni en los libros de cocina, ni en los de psicoterapia. Una receta totalmente subjetiva porque cada uno que me lea se le ocurrirán cosas que añadir, cosas que quitar… Por eso es mi receta y quería compartirla hoy con vosotros.

 

Andaba pensando últimamente en cuál sería “la receta del buen terapeuta” porque claro, se han hecho muchos estudios, se han descubierto cosas interesantes sobre factores comunes…pero lo cierto es que cada terapeuta es un mundo. De hecho todos coincidiréis conmigo en que no hay dos sesiones iguales, ni siquiera con la misma persona. Venía a mi cabeza el símil del cocinero al que es difícil que le salgan dos platos iguales, incluso con los mismos ingredientes y ¿cuáles serían los ingredientes del buen terapeuta? Pues pensando, pensando, esto es lo que a mí se me ha ocurrido.

 

Como ingrediente principal yo diría que la curiosidad. Una actitud de incansable deseo por conocer al otro: qué le motiva, cómo ha sido su historia de vida, qué le hace actuar así, pensar así, qué siente… Una curiosidad que intenta ser parecida a la del niño pequeño, sin prejuicios.

 

También para mí, sería necesaria una inagotable fuente de amor incondicional. No os asustéis, es un amor muy distinto al de la calle. Es un amor que implica aceptar al otro tal cómo es ahora mismo. Yo diría que sería algo así como la sal del plato, que si no está presente, se nota.

 

Añadiría también paciencia, para cocinar a fuego lento un plato que puede estar listo…incluso en años. Esperando que los ingredientes se transformen y que estén en su punto para servir. Porque si lo sacas antes de tiempo y te lo quieres comer va a estar crudo y si te descuidas y lo dejas demasiado tiempo, puede que ya esté quemado.

 

Muy relacionado con ésta sería el optimismo. Éste, es un ingrediente a manipular con cuidado. Debe echarse la cantidad exacta para que no quede ni demasiado alejado de la realidad para el paciente, ni demasiado poco y el terapeuta caiga en el desánimo. Es vital porque ayuda a perseverar en momentos de crisis, recaída, de bloqueos…

 

Otro ingrediente importante es la empatía, que sería algo así como la distribución del plato. La distancia en que coloco cada ingrediente. Lo suficientemente cerca como para enterarnos de la emoción del otro y que el otro sepa que nos hemos enterado. Lo suficientemente lejos como para que esa emoción no nos inunde y nos incapacite.

 

Para terminar añadiría sentido del humor. El sentido del humor es una especia que debe manejarse con cuidado y que si no sabes manejarla es mejor dejarla en la despensa, pero que si uno se siente cómodo usándola puede dar al plato un toque muy especial.

 

Seguramente haya otros ingredientes que de vez en cuando hay que añadir al plato, y también hay que estar atento porque a veces las existencias de cada ingrediente en la despensa del cocinero pueden estar “en números rojos” pero yo creo que si cuidamos de que todos en mayor o menor medida estén presentes nos saldrá un plato fabuloso.

 

Espero que os haya gustado y ¡que aproveche! ;-)

 

 

 

 

 

 

Elena de Miguel

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lun

12

oct

2015

La importancia del apego para un buen desarrollo infantil

En la sociedad en la que vivimos cada vez es más complicado conciliar la vida en familia y dar el paso de tener un bebé. El trabajo, en la mayoría de los casos,  nos impide pasar suficiente tiempo en casa. Esto choca enormemente con  la necesidad de una crianza donde la figura de apego esté presente y disponible durante los primeros años de vida para el buen desarrollo del niño.


Pero ¿qué es el apego? Y ¿por qué su importancia?


En el campo del desarrollo infantil, el apego se refiere a un vínculo específico y especial que se forma entre madre-infante o cuidador primario-infante. El vínculo de apego tiene varios elementos clave:

  1. Es una relación que perdura en el tiempo.
  2. Dicha relación produce seguridad.
  3. La pérdida o la amenaza de pérdida de la persona, evoca una intensa ansiedad.

Un apego saludable en la infancia, provee una base sólida para futuras relaciones saludables como adulto.


El principal investigador respecto al tema fue Bowlby, quien habla de que el vínculo cobra especial importancia a partir de los 6 meses del bebé y hasta los dos años aunque perdura posteriormente. En este periodo el niño es especialmente sensible y vulnerable si se produce una ruptura en la relación o abandono por parte de la figura de apego hacia el bebé.  

Spitz en 1947 estudió a bebés que habían sido separados de sus principales cuidadores al poco tiempo de nacer y que debían vivir en “casas- cuna” observó cómo  cuanto más tiempo pasaban estos bebés sin su figura de apego o sin ninguna figura sustitutoria, más devastadoras eran las consecuencias para ellos. Desde lo que se denominó “depresión anaclítica” hasta incluso la muerte, si no volvían a tener contacto con otro cuidador.



Cuando un bebé nace está totalmente indefenso por lo que necesita a una figura, normalmente la madre, que le cuide y vaya dando sentido a las experiencias que va viviendo. Si llora, ella va poniendo palabras a lo que le pasa “tienes hambre, tienes sueño…” Lo vital para el desarrollo del apego es el contacto físico, el amor, el calor humano, el cariño… Más incluso que el alimento, como demostró otro autor que experimentó sobre el tema (Harlow). El niño va aprendiendo si tiene un apego seguro que esa figura “siempre está ahí para mí” por lo que confía y esto le ayuda a empezar a salir y explorar el mundo. Si por el contrario hay separaciones prolongadas del bebé o la figura de apego no se muestra disponible, siendo incapaz de calmar al bebé cuando vuelve, no se desarrollará un buen vínculo de apego.  

Esto fue estudiado por Ainsworth mediante un experimento denominado “la situación extraña”.  Los niños eran separados de sus madres durante algunos minutos y se observaba su reacción en el reencuentro. Pudiendo observar claramente como un niño con apego seguro podía ser calmado fácilmente al regreso de la madre, mientras que a los niños con apego inseguro les resultaba muy complicado calmar su ansiedad.  Este experimento está explicado perfectamente en el vídeo que os dejo a continuación.



Hay derechos que no tenemos en la actualidad pero frente a los que tenemos que seguir luchando y más allá de esto, es importante tener siempre en la cabeza si tienes un bebé o tienes pensado tenerlo, la importancia de ser esta figura, que aunque no pueda estar siempre disponible, por lo menos cuando lo esté, lo esté 100%, siendo capaz de dar el amor, la seguridad y la calma que un bebé necesita en sus primeros años para prevenir posibles problemas más adelante.




Elena de Miguel

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sáb

26

sep

2015

Personas: Lo que nos hace humanos

Hoy quiero compartir con vosotros un gran proyecto:

 

El cineasta y artista Yann Arthus-Bertrand pasó tres años recogiendo historias de la vida real de 2000 hombres y mujeres de 60 países. Trabajando con un equipo dedicado de traductores, periodistas y cámaras, Yann captura temas muy personales y profundos que nos unen a todos: la lucha contra la pobreza, la guerra y la homofobia y el futuro de nuestro planeta. Todo ello mezclado con momentos de amor y felicidad.

 

A lo largo de 3 horas se muestran historias que nos recuerdan lo que nos une independientemente de culturas, géneros, clase económica… y al mismo tiempo lo que nos separa. Os recomiendo enormemente verlo porque os impresionará y os hará reflexionar sobre lo realmente importante.

 

 

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jue

20

ago

2015

5 libros para reflexionar en verano.


El verano es una época en que muchos aprovechamos para ponernos al día con la lectura y que mejor momento que las vacaciones para poder reflexionar también sobre temas algo más profundos. Aunque agosto se va acercando al final,  aún te queda tiempo para ponerte al día con alguno de los libros que te recomiendo.

 

 

1. Déjame que te cuente. Jorge Bucay

 

 

Mi libro favorito. Un libro fácil de leer y ameno en el que a través de la terapia de Demián, Jorge va relatando breves historias con una moraleja que deberás extraer tú mism@. Especialmente bueno para el verano ya que podrás ir leyendo historias y dejarlo sin perderte.

 

 

2. El Principito. Antoine de Saint-Exupéry

 

 

No puedo evitar incluir este libro en la lista. Porque es un clásico, porque es apto para todas las edades y porque cualquier momento es bueno para leerlo por primera vez o volverlo a leer. Aunque se considera un libro infantil, los temas que toca no lo son en absoluto. Junto al pequeño príncipe se reflexiona sobre la naturaleza humana, las relaciones o el paso del tiempo.

 

 

3. El hombre en busca de sentido. Viktor Frankl

 

 

Aunque es algo más complicado de leer y más duro que los anteriores, sin duda merece la pena. Relata la historia de un campo de concentración vista desde dentro. Con un duro comienzo a lo largo del libro la esperanza va surgiendo y se observa como ésta mantiene viva al personaje.

 

 

4. El alquimista. Paulo Coelho

 

 

Sin duda la obra maestra de Coelho. Narrado como una historia de aventuras, también tiene temática profunda. Un pastor emprende un complicado viaje por tierras lejanas que le transformará.  Sus raíces proceden del cuento de “Las mil y una noches”.

 

 

5. El caballero de la armadura oxidada. Robert Fisher.

 

Uno más ligero para acabar. Una historia que es apta para todos los públicos. Cuenta la historia de un caballero con incapacidad para expresar sus sentimientos. A modo de metáfora narra como la armadura del caballero se va convirtiendo en un obstáculo en su relación con los otros.

 

 

 

 

 

Espero que os gusten y os animo a que incluyáis alguno más en esta lista.

 

 

 

 

 

Elena de Miguel.

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mié

01

jul

2015

La soledad del que sufre

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Todas las personas que acuden al psicólogo sufren. Unas llevan sufriendo más tiempo y otras viven el sufrimiento como algo nuevo.

 

 

Una de las principales quejas de las personas que vemos, es la incomprensión. Se sienten solas ante el sufrimiento. Generalmente las familias, los amigos, incluso muchos médicos intentan tranquilizarles con frases prefabricadas “ya pasará mujer”, “hay gente en peor situación que tú”, “no es para tanto”. El mensaje que la persona que sufre recibe es “no me entiendes”.

 

 

Es difícil hacerse cargo del dolor ajeno, estar ahí, sin huir con alguna frase tranquilizadora porque genera mucha impotencia y la impotencia es la emoción que peor toleramos los seres humanos, ya que nos indica que no podemos hacer nada; y realmente no podemos hacer nada con el dolor ajeno. Cuanto más cercana afectivamente es la persona que sufre más nos cuesta soportarlo obviamente porque su emoción de alguna forma la hacemos nuestra.

 

 

Por eso hay mucha gente que me dice “yo no podría ser psicólogo, no sé cómo puedes soportar oír historias tan duras cada día” y yo les digo, es verdad, es duro porque a veces yo también me reconozco sintiéndome impotente: con un paciente que no mejora, con otro que piensas que quizá podrías haber hecho algo distinto, con otro que no vuelve y no sabes por qué…Sin embargo, nuestra forma de ayudar como seres humanos al que sufre no es otra que permanecer ahí con el dolor ajeno sin evitarlo y sabiendo que es suyo y no nuestro, y precisamente eso es lo que les ayuda.

 

 

 Otras veces son los pacientes los que dicen “te lo cuento a ti porque sé que tú no te vas a asustar con mi dolor”. Esa es la única manera que tenemos de ayudar al que sufre,  mantener esa distancia entre la fusión con la emoción del otro y la indiferencia. No hay una respuesta correcta cuando el otro sufre, es más bien una actitud. Una actitud que indica: “no te preocupes, estoy aquí, puedes llorar y no me voy a asustar, no voy a salir corriendo y puedes volver a hacerlo cuando lo necesites” si este mensaje no verbal llega, lo que se diga a continuación es lo de menos.

 

 

Muchas veces un abrazo sin mediar palabra, cuando es una persona querida quien sufre es la mejor manera de demostrar que estamos ahí.

 

 

 

 

Elena de Miguel

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jue

04

jun

2015

El peligro de querer agradar a todos

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Mucha de la gente que viene a terapia tiene esta queja: “mi problema es que intento agradar a todos”.  Hay una historia bastante antigua que ilustra muy bien esta dificultad y quería hoy compartirla con vosotros para que podáis llegar a vuestras propias conclusiones.

 

 

 

 

 

 “Había una vez un anciano y un niño que viajaban con un burro de pueblo en pueblo. Puesto que el asno estaba viejo, llegaron a una aldea caminando junto al animal, en vez de montarse en él. Al pasar por la calle principal, un grupo de niños se rió de ellos, gritando: 

-¡Mirad qué par de tontos! Tienen un burro y, en lugar de montarlo, van los dos andando a su lado. Por lo menos, el viejo podría subirse al burro. 

Entonces el anciano se subió al burro y prosiguieron la marcha. Llegaron a otro pueblo y, al transitar entre las casas, algunas personas se llenaron de indignación cuando vieron al viejo sobre el burro y al niño caminando al lado. Entonces dijeron a viva voz: 

-¡Parece mentira! ¡Qué desfachatez! El viejo sentado en el burro y el pobre niño caminando. 

Al salir del pueblo, el anciano y el niño intercambiaron sus puestos. Siguieron haciendo camino hasta llegar a otra aldea. Cuando la gente los vio, exclamaron escandalizados: 

-¡Esto es verdaderamente intolerable! ¿Han visto algo semejante? El muchacho montado en el burro y el pobre anciano caminando a su lado. 

-¡Qué vergüenza! 

Puestas así las cosas, el viejo y el niño compartieron el burro. El fiel jumento llevaba ahora el cuerpo de ambos sobre su lomo. Cruzaron junto a un grupo de campesinos y éstos comenzaron a vociferar: 

-¡Sinvergüenzas! ¿Es que no tienen corazón? ¡Van a reventar al pobre animal! 

Estando ya el burro exhausto, y siendo que aún faltaba mucho para llegar a destino, el anciano y el niño optaron entonces por cargar al flaco burro sobre sus hombros. De este modo llegaron al siguiente pueblo. La gente se apiñó alrededor de ellos. Entre las carcajadas, los pueblerinos se mofaban gritando: 

-Nunca hemos visto gente tan boba. Tienen un burro y, en lugar de montarse sobre él, lo llevan a cuestas. ¡Esto sí que es bueno! ¡Qué par de tontos! 

La gente jamás había visto algo tan ridículo y empezó a seguirlos. 

Al llegar a un puente, el ruido de la multitud asustó al animal que empezó a forcejear hasta librarse de las ataduras. Tanto hizo que rodó por el puente y cayó en el río. Cuando se repuso, nadó hasta la orilla y fue a buscar refugio en los montes cercanos. 

El molinero, triste, se dio cuenta de que, en su afán por quedar bien con todos, había actuado sin el menor seso y, lo que es peor, había perdido a su querido burro”. 

 

 

 

Te invito a reflexionar:

 

 

 

-          ¿Con qué frecuencia acabas apartándote de tus objetivos para agradar al otro?

 

-          ¿Cómo te sientes después de hacerlo?

 

-         ¿Se te ocurre alguna otra manera de enfrentarte a ello la próxima vez?

 

-         ¿Qué beneficios tendría? ¿Qué costes?

 

-         ¿Quieres hacerlo?

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Elena de Miguel

 

 

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vie

22

may

2015

Aclarando términos: Optimismo inteligente

Hace algún tiempo hablaba del maltrato recibido por la palabra felicidad. Y hoy me encontraba este vídeo en que se habla de otra palabra también bastante maltratada por nuestra sociedad: el optimismo. Si miramos la definición en el diccionario nos dice: tendencia a ver y a juzgar las cosas en su aspecto más positivo o más favorable.

 


Si yo tuviera que poner mi propio sinónimo para esta palabra, hablaría quizá de confianza. Confianza en que mis acciones tengan un resultado esperanzador en el futuro.

 


Desgraciadamente la popularización de este término ha dado lugar a múltiples interpretaciones. “Ver el mundo de color de rosa”, “tener un pensamiento positivo”. Como si nosotros pudiéramos elegir lo que pensamos o existieran unas gafas mágicas con las que mirar el mundo… Culpabilizando a la gente que no es capaz de tener este pensamiento mágico positivo independientemente de lo que pase.

 


Por ello recientemente se ha añadido el adjetivo optimismo “inteligente” (C.Vázquez y M.D Avia)  para añadir un matiz distinto a este término. Dando énfasis a la idea de que no se trata de negar la realidad poniéndose estas gafas de color de rosa esperando pasivamente a que las cosas mejoren. Se trata de coger el timón del barco, distinguiendo que está en nuestra mano cambiar y qué parte no nos queda otra que aceptar.

 


Surgen por tanto algunos conceptos interesantes: aceptación, cambio, confianza y esperanza. Conceptos que podréis ver mucho más claro si veis el siguiente vídeo.

 


Espero que permita dar un poco de luz a este término y os permita plantearos preguntas nuevas cuando penséis si sois o no optimistas. Preguntas que tengan más que ver con la acción que con el “pensamiento positivo”.

 


Elena de Miguel

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dom

29

mar

2015

Autismo: 5 signos que nos ayudarán a conocerlo

 

Hoy es el día mundial del autismo. Un trastorno sobre la que todavía hay mucho desconocimiento tanto sobre las causas que lo originan, como entre la población, ya que pocos saben qué es exactamente el autismo. Aprovechando que hoy es su día, quería acercaros un poco a todos estos niños y adultos que resultan tan incomprendidos.



El trastorno comienza a manifestarse al poco tiempo de nacer, por ello se considera un trastorno del desarrollo (antes de los 3 años ya está instalado). Comienza a mostrar sus signos temprano, con 18 meses cuando cualquier niño empieza a adquirir las habilidades del lenguaje y a compartir intereses con el adulto, estos niños sin embargo muestran dificultades con el lenguaje e intereses distintos al resto de niños. Mientras un niño señalará un perro cuando va por la calle para enseñárselo a papá un niño con autismo no tendrá esta capacidad de interacción.



Mientras otros niños empiezan a estar interesados en el contacto con otros adultos o niños, es decir, en la interacción social, los niños autistas tienen dificultades para establecer relaciones sociales. Tanto por el lenguaje como ya dije como por los intereses tan distintos. Pueden pasar horas por ejemplo mirando la rueda de una bicicleta y prefieren actividades en solitario.



Son muy sensibles al sonido y a la vista por lo que cosas que a nosotros nos parecen normales como el sonido de un coche o una moto, para ellos puede ser como si pasara un avión en frente de su cabeza, motivo por el cual se asustan y se alteran.



No es que no tengan sentimientos si no que tienen dificultades para expresarlos y sobre todo para entender los sentimientos de otros. Los psicólogos decimos que carecen de teoría de la mente. Esto quiere decir que no pueden distinguir que el otro es una persona distinta a él mismo. No puede hacerse una idea de lo que piensa o de lo que siente, es por ello que no entienden la mentira, ni las ironías por ejemplo. Su manera de entender todo es de forma literal.



El autismo puede tener distinta gravedad y lo más común es que ni siquiera puedan adquirir el lenguaje o tengan un lenguaje propio que nadie más entiende. Esto no quiere decir que tengan porque tener discapacidad intelectual, aunque puede ir acompañado. Los niños autistas tienen capacidades en las que pueden ser sobresalientes por ejemplo en cálculo matemático pero no son capaces de adquirir otras como por ejemplo el lenguaje.



Otra de las dificultades que tienen es que se adaptan muy mal a los cambios. Necesitan rutinas muy estables para poder desenvolverse bien. Imagínate un mundo que no entiendes y que encima está en constante cambio.



Por último son frecuentes lo que nosotros llamamos esterotipias es decir movimientos o acciones repetidos sin ninguna finalidad aparente.  Por ejemplo sacudir o girar las manos, repetición de palabras…



Estas son las características más importantes pero no hay que olvidar que cada persona es un mundo y cada niño con autismo ante todo es una persona y no debe juzgársele por su etiqueta de autista. Igual que ellos no entienden nuestro mundo y hacen muchos esfuerzos por entenderlo, nosotros también deberíamos hacer el mismo esfuerzo para entenderles a ellos. Así que os dejo un vídeo muy cortito en el que podéis experimentar por dos minutos que significa ser autista.

 



Elena de Miguel


 

 

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sáb

21

feb

2015

El ciclo vital familiar




















En psicología no solo nos hemos centrado en el estudio del individuo. Cada vez cobra más importancia el entorno y sobre todo en el enfoque sistémico, la familia.

La familia es el primer sistema en que vive el niño cuando nace y el de mayor influencia hasta al menos la adolescencia.

Todas las familias desde que se crea una pareja hasta que la pareja decide tener hijos y estos van creciendo pasan por una serie de etapas, que plantean distintos retos a la familia. Dedicaremos hoy por tanto este espacio a analizar estas fases así como los retos que plantea cada una.

 


El ciclo vital familiar, son por tanto las distintas fases por las que atraviesa una familia, que promueven el crecimiento y desarrollo del ser humano en la familia y con la misma;  colabora en el desarrollo de sus potencialidades.



Cada etapa plantea una crisis a la familia, es decir, la familia tiene que poner en marcha nuevos mecanismos de adaptación para adaptarse al cambio.


Estas etapas son:


1. Formación de la pareja: implica generar acuerdos entre ambos miembros para el funcionamiento de la pareja y como gestionar los desacuerdos. Así como nuevas maneras de relacionarse con sus familias de origen y con sus amistades.

 

2.  Nacimiento de hijos y familias con hijos pequeños: el nacimiento de los hijos requiere una reorganización de los roles para incluir un nuevo miembro, nuevas reglas y nuevas tareas. Implica desarrollar habilidades parentales, y enfrentarse a la gran responsabilidad de criar a los hijos. Establecer normas que preserven su autoridad como padres pero que a la vez alienten  la autonomía de los hijos.

 Cuando empiezan a ir al colegio también tendrán que aprender a lidiar con un nuevo sistema, el escolar.

Además dentro de este espacio con hijos, la pareja deberá enfrentarse al reto de encontrar su propio espacio como pareja.

 

3. Familia con hijos adolescentes: los hijos al hacerse mayores van relacionándose con más gente y va cobrando cada vez más importancia el sistema de iguales (los amigos). Esto hará que los padres tengan que negociar sus reglas sobre todo en cuanto a la autonomía; ya que los hijos pedirán más independencia y tenderán a poner a prueba el sistema familiar.  Para que este proceso se complete con éxito es necesario que esta independencia vaya acompañada de responsabilidades.

 

4. Nido vacío: Los hijos, ahora adultos jóvenes, abandonan el hogar y los padres se enfrentan al final de su vida laboral y al reencuentro como pareja. La familia deberá aprender a gestionar el dolor por la separación de sus hijos y replantearse su vida en pareja.

 

5. Retiro de la vida activa y vejez: en esta etapa surgen nuevos temores (convertirse en un anciano inútil, temor a la muerte, temor a intentar otros estilos de vida…). Las tareas a resolver son mantener el contacto con la familia extensa, enfrentar las muertes de personas queridas, ocupar el nuevo rol de abuelo y hacer balance de la propia vida.

 



Como habréis visto estas etapas son universales y hacen que los miembros de la familia tengan que poner en marcha nuevas habilidades para adaptarse a cada una. Debemos tener claro que este es un proceso normal por el que todos pasamos. Todos los cambios en la vida requieren que seamos lo suficientemente flexibles para seguir y no quedar estancados en ninguna fase de este proceso.

 








 

Elena de Miguel


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mié

11

feb

2015

Trastornos de personalidad: ¿qué sabes de ellos?

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

El tema de la personalidad siempre ha sido controvertido en psicología. Para empezar ¿qué es la personalidad? Según la RAE de una manera muy simple, sería el conjunto de rasgos y cualidades que configuran la manera de ser de una persona y la diferencian de las demás. Pero claro siguiendo esta definición ¿qué es normal y qué no?

 

 

Para responder a esta pregunta se ha considerado que existe una patología de la personalidad cuando estos rasgos o cualidades que se han desglosado en (patrones de comportamiento, emociones y pensamientos)  son tan rígidos que impiden a la persona adaptarse a la sociedad en la que vive y le crean problemas al relacionarse con la gente de su entorno.

 

Las personas nos caracterizamos por tener que adaptarnos a múltiples entornos y tener que relacionarnos con personas muy diversas. Podríamos decir que tenemos que desempeñar diferentes roles. Una persona puede ser a la vez padre, esposo, médico, presidente de la comunidad de vecinos, jugador de futbol en el equipo del barrio… Parece obvio que esta persona no se comportará igual en cada uno de estos contextos.

 

A las personas que tienen trastornos de la personalidad les resulta muy complicado adaptarse a los cambios en el entorno y se encuentran especialmente afectados por ellos. A diferencia de otros problemas mentales los trastornos de personalidad son muy estables en el tiempo y suelen aparecer al final de la adolescencia que es cuando se considera que el carácter se está formando. Es por ello que son los más complicados de tratar.

 

Aunque se han utilizado múltiples clasificaciones dentro de los trastornos de personalidad la más ampliamente compartida es la que plantea el manual diagnóstico de salud mental (DSM). Según este manual dependiendo del tipo de dificultad que tenga la persona en la adaptación habría 3 tipos de trastornos:

 

 

Los llamados del grupo A “raros o excéntricos” se caracterizan por ser desconfiados y tener problemas en las relaciones, bien porque creen que les van a hacer daño, porque no les interesan o porque tienen creencias extrañas que su cultura no comparte.

Estarían dentro de este grupo:

 

  • Trastorno paranoide de la personalidad: interpreta las intenciones de los demás como maliciosas lo que le hace estar constantemente suspicaz y desconfiado.
  •  Trastorno esquizoide de la personalidad: no desea, ni disfruta de las relaciones sociales, por lo que tiende al aislamiento y a no disfrutar con apenas ninguna actividad. Siendo característico también la escasa expresión emocional ante las circunstancias, parece inmutable.
  • Trastorno esquizotípico de la personalidad: además de la dificultad para relacionarse tiene frecuentes distorsiones en la forma de pensar, con creencias y extrañas y comportamientos excéntricos.

 

En el grupo B “dramáticos, emocionales o inestables” se caracterizan por tener problemas en la regulación emocional siendo característica una excesiva emocionalidad o una ausencia de empatía dependiendo del tipo. Incluye:

 

  • Trastorno antisocial de la personalidad: es característica una ausencia de empatía no siendo consciente de lo que siente el otro lo que les lleva constantemente a violar los derechos de los demás para conseguir lo que desean.
  • Trastorno histriónico de la personalidad: se caracterizan por una emocionalidad superficial que parece teatral como si estuvieran constantemente actuando.
  • Trastorno narcisista de la personalidad: frecuentes sentimientos de grandiosidad con constante necesidad de admiración, llegando incluso a ser abusivos en su relación con otros.
  • Trastorno límite de la personalidad: es un patrón inestable en la emocionalidad y en la relación con otros con constantes sentimientos de vacío respecto a su identidad.

 

El grupo C son los “ansiosos o temerosos” en los que son frecuentes los sentimientos de miedo excesivos respecto a las relaciones sociales, a la separación o con una constante necesidad de control. Incluyen:

 

  • Trastorno evitativo de la personalidad: caracterizado por una excesiva sensibilidad al rechazo, la humillación o la vergüenza lo que les lleva a relacionarse poco.
  • Trastorno obsesivo de la personalidad: son personas perfeccionistas en exceso, con devoción por el trabajo y con dificultad para expresar afectos
  • Trastorno dependiente de la personalidad: son personas pasivas que tienden a que los demás asuman sus responsabilidades, sintiéndose incapaces de valerse por sí mismos.

 

Otro de los problemas que ocasionan estos trastornos es la dificultad para encuadrarlos en una determinada categoría. Se observa una gran relación entre varios de ellos, sobretodo del  mismo grupo. Es por ello que se están proponiendo modelos dimensionales, es decir, encontrar los rasgos que comparten todos para poder situarlos en un continuo. Por ejemplo algunas variables que se contemplan son: emocionalidad negativa vs estabilidad emocional, introversión vs extroversión, desinhibición vs autocontrol…

 

Como ya decía anteriormente el tratamiento de estos trastornos es el que más dificultades ha ocasionado en psicoterapia, considerándose en ocasiones el tratamiento de por vida o al menos en los momentos de cambios importantes de la persona. No obstante cada vez se están haciendo más avances para entenderlos mejor y hay terapias que han demostrado que funcionan.

 

Espero que esta explicación arroje un poco de luz a este complicado tema.

 

 

 

Elena de Miguel

 


 

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lun

29

dic

2014

5 respuestas para mejorar la educación de tus hijos

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Las Navidades son un periodo que a los niños les encanta, pero los padres pueden acabar muy “quemados” al tenerlos 24 horas en casa. En vez de disfrutar de tener más tiempo con sus hijos los padres acaban deseando volver a la rutina. Para evitar que esto pase, tenemos al menos que reflexionar un poco sobre ello.

 

 

Todos venimos de un estilo educativo determinado que hemos recibido a lo largo de nuestra vida. Algunos estarán de acuerdo con como sus padres les han educado y otros se situarán totalmente en contra y harán lo opuesto. En cualquier caso es inevitable reconocer su influencia.

 

 

Para entenderlo un poco mejor primero tenemos que entender que existen 2 modelos ineficaces de educación. Y los llamamos ineficaces porque impiden a los niños conocer cuáles son las reglas que rigen su casa y adquirir responsabilidad en su cumplimiento.

 

a) Estilo permisivo: son padres que se dedican a dar sermones, enseñanzas, repetir el mensaje, dar argumentos de porque no está bien hacer algo o es mejor hacer otra cosa. Podríamos decir que son unos padres “que hablan y hablan pero no actúan”. Como mucho pueden llegar a amenazar al niño con un castigo, que tanto ellos como su hijo saben que nunca va a ocurrir. Es decir sus palabras dicen “haz esto” pero sus acciones dicen “no tienes porque hacerlo”.

 

b) Estilo punitivo: el castigo es su arma por excelencia. Si el hijo no cumple las reglas rápidamente establecen una consecuencia que en la mayoría de los casos suele ser excesiva. También recurren a gritos y pueden soltar alguna “bofetada” si ven que el resto no funciona. En sus hijos producen por un lado que se corte la conducta problemática en la mayoría de los casos pero una gran hostilidad en el ambiente, ya que los hijos suelen considerarlos “injustos” y desde luego no aprenden nada sobre responsabilidad o autocontrol.

 

 

¿Qué alternativa existe?

 

Lo que podríamos llamar estilo educativo democrático. Lo más característico de este enfoque es que los mensajes verbales son muy claros y van seguidos de una acción que les apoya. Este límite conductual se expondrá de una manera lógica por lo que ha pasado, no como una manera de demostrar “que aquí el que manda soy yo”.

 

Diremos “hijo sé que lo sabes hacer bien, pero “X” conducta no es apropiada por lo que tendrá “X” consecuencia” otra manera de exponerlo sería “puedes seguir haciendo (conducta inadecuada) y pasará (consecuencia) o hacer esto otro (conducta apropiada) ¿qué prefieres?”

 

Los niños no nacen sabiendo las reglas, deben aprenderlas mediante un proceso de enseñanza en que los padres son los profesores. De la misma forma que nos gustaría que el profesor de matemáticas hablara de una manera clara con nuestros hijos, tuviera paciencia, expusiera la materia de una forma sencilla en “el aprendizaje de límites” los padres deben ser “el profesor modelo”.

 

Cuando los niños son pequeños tienen lo que se llama “pensamiento concreto” esto significa que aprenden a través de la experiencia. Para ellos no es tan importante lo verbal, como lo que experimentan en sus “propias carnes” (lo que ven, lo que oyen, lo que tocan…).

 

La manera en que los niños aprenden las reglas es por tanto poniéndolas a prueba. Estas conductas de “poner a prueba” que molestan tanto a los padres para los niños responden a las preguntas de lo que está bien o lo que está mal.

 

Si los límites son blandos, es decir, la palabra dice “para”, pero la conducta dice “no es necesario” los niños aprenden también a dar mensajes mixtos y dicen “ya lo haré” mientras su conducta dice “no tengo intención de hacerlo”.

 

Establecer límites firmes es sencillo pero requiere formas distintas a las que estamos acostumbrados. Veamos un ejemplo.

 

Imaginemos que una niña de 3 años está en la mesa haciendo burbujas con su taza y sin tomar el desayuno. Su padre con voz tranquila dirá “en la mesa no se hacen burbujas. Sé que sabes usar la taza adecuadamente pero si no lo haces tendré que quitártela”. La niña para y a los 5 minutos vuelve a hacer lo mismo. Sin decir más, el padre coge la taza y se la lleva “podrás tener la taza cuando suene la alarma”. Pone el cronómetro y 10 minutos después se la devuelve. Sin recordatorios, ni amenazas. Esta conducta se repetirá de la misma forma las veces que haga falta.

 

 

Algunos dirán “claro, la teoría es muy sencilla pero tendrías que ver a mi hijo”. Efectivamente en un artículo es muy difícil explicar cómo  reaccionar ante cada puesta a prueba de los hijos, no obstante será útil llevar a cabo los siguientes pasos:

 

1. Ser consciente del tipo de educación que he recibido yo. ¿Cómo me puede estar influyendo esto en la actualidad?

 

2. ¿En qué modelo me reconozco más? Permisivo, punitivo, mixto…

 

3. ¿Mis mensajes verbales son claros? ¿Mis mensajes van apoyados por un límite conductual firme? A veces para esto es útil grabarse o preguntar a otras personas presentes (familiares, amigos).

 

4. ¿Qué ha aprendido mi hijo de esta interacción?

 

5. ¿Qué haría distinto la próxima vez yo como padre?

 

 

Creo que si se empiezas a poner en marcha estas 5 preguntas inevitablemente mejorarás en tu tarea de “profesor de límites”.

Os invito no obstante a plantear vuestras dudas, consejos o comentarios que os surjan después de leerme.

 

 

 

 

Elena de Miguel

 

 

 

 

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dom

14

dic

2014

El enfado: Lecciones de los platos de los gatos

 

 

La emoción de enfado es controvertida. Hay quién no sabe enfadarse o quién se enfada demasiado a menudo.

 

Ya lo decía Aristóteles “enfadarse es muy sencillo. Pero enfadarse con la persona adecuada, en el grado exacto, en el momento oportuno, con el propósito justo y del modo correcto, eso ciertamente, no resulta tan sencillo”.

 

A veces resulta útil enfadarse, porque el enfado nos protege de una invasión de nuestros límites. Cuando el enfado sin embargo cumple la función de “demostrar que tengo razón”, quizá no sea tan útil. La mayoría del tiempo no nos paramos a analizar de dónde viene el enfado, que función cumple, que nos lleva a hacer, y quizá como mucho sólo seamos capaces de ver las consecuencias que produce.

 

Para ampliar esta visión, peligrosa, por lo limitada que es, os contaré una historia que puede servir de ejemplo de cómo ampliar nuestra visión, a veces limitada de las cosas.

 

Esta historia la  podéis encontrar en el libro “Mindfulness en la vida cotidiana” de Jon Kabat- Zinn.

 

 

Detesto encontrar los platos de los gatos en el fregadero de la cocina junto a los nuestros. No sé por qué esto me molesta tanto, peor me molesta. Quizá se deba al hecho de no haber tenido ninguna mascota de niño. O quizá a que pienso a que constituye una amenaza para la salud pública (virus y cosas similares, vaya). Cuando decido limpiar los platos de los gatos, primero lavo los nuestros para deja despejado el fregadero y luego los de ellos. El caso es que no me gusta encontrarme los platos de los gatos en el fregadero, y cuando ocurre reacciono de inmediato.

 

 

 

Primero me enfado. A continuación, el enfado se vuelve más personal y lo acabo dirigiendo a quienquiera que piense que es el culpable, que suele ser Myla, mi mujer. Me siento herido porque no respeta mis sentimientos. Le he dicho en infinitas ocasiones que no me gusta encontrarme los platos con comida reseca allí, que me da asco. Le he pedido lo más amablemente que sé que no lo haga, pero con frecuencia lo hace de todos modos. Piensa que es una tontería y que estoy actuando compulsivamente, y cuando va con prisas simplemente  deja los platos de los gatos en remojo en el fregadero.

 

Mi descubrimiento de los platos de los gatos en el fregadero puede terminar en una acalorada discusión, en gran parte porque me siento enfadado y herido y, ante todo, porque tengo la impresión de que mi enfado y mi dolor están justificados, porque sé que yo tengo la razón. ¡Los platos de los gatos no deberían estar en el fregadero! Pero cuando lo están el proceso de construcción del yo llega a ser muy intenso en mí.

 

Recientemente he advertido que esta situación no me saca tanto de quicio. No es que haya hecho nada concreto para intentar cambiar mi forma de relacionarme con ello. Sigo sintiendo lo mismo en relación a que los platos de los gatos estén en el fregadero, pero, de algún modo, también veo toda la situación de un modo distinto, con una mayor conciencia y con mucho más sentido del humor. Ahora cuando ocurre, y sigue ocurriendo con una frecuencia irritante, tomo conciencia de mi reacción en el mismo instante en que tiene lugar y puedo mirarla. “Esto es lo que hay”, me recuerdo a mí mismo.

 

Observo el enfado mientras empieza a emerger en mí. Resulta que va precedido de una leve sensación de repugnancia. A continuación noto como despierta en mí la sensación de haber sido traicionado, que ya no es tan leve. Algún miembro de mi familia no ha respetado mi petición, y yo me lo estoy tomando de manera muy personal. Después de todo, el resto de la familia debería tener en cuenta mis sentimientos, ¿no es así?

 

He aceptado el reto de experimentar con las reacciones que tengo ante el fregadero de la cocina observándolas con gran detalle y sin permitir que determinen mis acciones.  Puedo dar fe de que la sensación inicial de repugnancia no es, ni mucho menos, tan mala; si permanezco con ella, respiro con ella y simplemente me permito sentirla, en realidad desaparece en un par de segundos. También he notado que es la sensación de traición, de que hayan frustrado mis deseos, la que me pone furioso, mucho más que lo platos de los gatos en sí. Así pues, descubro que en realidad no son los platos en sí el origen de mi enfado. Lo cual es muy distinto de los platos de los gatos. ¡Ajá!.

 

Entonces recuerdo que mi mujer y mis hijos ven todo esto de forma muy diferente. Piensan que estoy haciendo una montaña de un grano de arena. Y, si bien intentan respetar mis deseos cuando los consideran razonables, en otros momentos no les parecen razonables y simplemente hacen las cosas a su manera, quizás incluso sin pensar en mí lo más mínimo.

 

Así pues, he dejado de tomármelo de forma personal. Cuando realmente no quiero que los platos de los gatos estén en el fregadero, me remango y los limpio en ese preciso momento. Si  no, simplemente los dejo allí y me voy. Ya no tenemos peleas en relación a esto. De hecho, ahora siempre que me encuentro con esos desagradables objetos en el fregadero, me sonrío. Después de todo, me ha enseñado mucho.

 

 

 

Elena de Miguel

 

 

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mié

26

nov

2014

La trampa de las adicciones

A veces resulta difícil entender desde fuera cómo alguien puede llegar a convertirse en un adicto. Se han mantenido muchas teorías para explicar el proceso y se han intentado buscar distintas variables tanto internas como externas que podían estar influyendo:  la baja cantidad de una determinada sustancia en el cerebro, un determinado gen que se transmite de generación en generación, una tendencia a la búsqueda de novedades unido a una alta impulsividad, un determinado modelo familiar que propiciaría el consumo, una forma de afrontar situaciones ansiógenas…

 


No hay ninguna causa única que pueda explicar este complicado proceso. Podríamos decir sin miedo a equivocarnos, que es una mezcla de todas las anteriores y otras muchas.



Me gusta este vídeo que quiero compartir hoy con vosotros porque explica de una manera muy sencilla el proceso por el cual una persona que prueba una sustancia potencialmente adictiva puede convertirse en adicto por las consecuencias tan positivas que tiene esta sustancia en un primer momento. Posteriormente estas consecuencias tan positivas van perdiendo fuerza y la sustancia acaba convirtiéndose en la única salida para vencer los síntomas tan desagradables que produce la abstinencia.



 

Al final, la sustancia es lo único que queda en la vida de la persona, es lo único que ve.

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mié

26

nov

2014

Cámbiame pero no quiero cambiar. La resistencia al cambio

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Extraño título pensarán algunos para comenzar un artículo. Pocas veces un paciente te dirá algo como esto en consulta, sin embargo en nuestro fuero interno los psicólogos tenemos esta sensación con más de un paciente. Sobre todo en la sanidad pública donde el modelo médico es muy importante y el paciente acude al psicólogo pensando “que tiene respuestas a sus preguntas”. Algunos se llevan un “chasco” cuando les planteas que nuestra herramienta principal es la pregunta, que con nuestras preguntas pretendemos que lleguen a crear sus propias buenas respuestas.

 

Podríamos entonces preguntar inocentemente ¿por qué haces esto? ¿Por qué te encierras en tu casa y no sales, por qué no te divorcias, por qué no dejas de fumar? Y encontraríamos mil y una justificaciones distintas  porque no puedo, porque no sé como hacerlo, porque soy así…

 

Probablemente esto no nos lleve a ningún sitio. Podemos plantear a continuación otra duda ¿para qué lo haces? O ¿cómo lo haces o cómo no lo haces? En muchos casos el paciente seguirá dándote justificaciones acerca de por qué o por qué no debería hacerlo. Entonces insistes en que te hablen de la utilidad, del proceso en que ese hábito se mantiene.

 

Estas últimas preguntas podríamos decir que son más potentes aunque sólo sea por el hecho de que la persona probablemente nunca se haya parado a pensar en ello; y la primera respuesta que le salga sea “para nada”. Y nosotros insistiremos, “ya sí, pero el caso es que lo haces, con lo cual seamos “retorcidos” pensemos en para qué te sirve ser una madre pesada, para qué te sirve estar enfadado, discutir…”

Siguiendo en esta línea puede que descubramos cosas… Que discutir es la única manera en que me comunico con mi marido, que estar enfadado hace que los otros se acerquen a mí con cuidado, que ser una madre pesada me protege de la culpa o del miedo si a mi hijo le pasara algo y no se lo he recordado 50 veces… Esto son sólo ejemplos pero te invito a que te plantees tus propias preguntas para aquellas cosas que quieres cambiar pero no te decides a hacerlo.

 

La resistencia al cambio es un hecho. Aunque solo sea por cumplir ese viejo refrán de “más vale malo conocido que bueno por conocer” las personas tendemos a continuar haciendo lo mismo a pesar de las consecuencias nefastas que en muchos casos tiene.

Seamos sinceros, para algo sirve, aunque solo sea para evitar un mal mayor.

 

 

¿Cómo cambiar entonces? En primer lugar debemos ser conscientes que ese hábito ya no funciona. Por ejemplo ser una madre pesada me ha podido servir cuando los hijos eran pequeños porque les evitaba peligros pero cuando son adolescentes me lleva a estar discutiendo a todas horas.

En segundo lugar debemos conocer aquella necesidad que está cubriendo o aquel peligro que está evitando mi conducta. Por ejemplo podré ser consciente de ese miedo propio que me lleva a proteger a mis hijos. En este momento se produce un cambio. Me hago responsable. El miedo es mío. Y esto me llevará a plantearme la siguiente pregunta siguiendo con este ejemplo ¿qué hago con mi miedo para que no perjudique a mi relación con mi hijo? Si me planteo esta pregunta tendré un nuevo campo de acción abierto.

 

Esta pregunta y las respuestas que se deriven de ella no hubieran sido posibles sin entender para qué me está sirviendo ser una pesada y sin asumir la responsabilidad de lo que está pasando. Esto obviamente no resuelve el problema, sin embargo nos puede sacar del aprieto de asumir lo que quiero cambiar y lo que está en mi mano cambiar y lo que no quiero cambiar o no depende de mi cambiar.

Existe una frase muy buena relacionada con esto y que quiero dejaros para terminar.

 

 

“Concédeme la serenidad para aceptar las cosas que no puedo cambiar, el valor para cambiar las cosas que puedo cambiar y la sabiduría para reconocer la diferencia”

 

 

Elena de Miguel

 

 

 

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mar

28

oct

2014

¿Quién dirige tu vida?

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Ya hemos mencionado alguna vez aquí, que la vida de vez en cuando implica dolor. Hay gente que se queda atascada en el dolor y sufre más aún por no poder librarse de él. Se sumergen en una especie de lucha, que puede no acabar nunca.

 

Suele pasar que cuando uno sufre no puede ver otra cosa y el sufrimiento ocupa la primera posición en cuanto a energía y tiempo dedicado al día. Esto indirectamente implica que poco a poco la vida se va reduciendo, va perdiendo vitalidad, se convierte, a veces,  en mera supervivencia ¿pero es posible seguir incluso con sufrimiento?

 

Parece que sí, hay gente que ha tenido duras pérdidas, ha sufrido accidentes, abusos, injusticias y ha seguido. Pero, y si estás pasando ahora mismo por un momento de dolor ¿qué te puede ayudar?

 

Quizá leer esta historia te ayude a reflexionar:

 

 

Imagina que vas conduciendo el autobús de “tu vida”. Como en cualquier autobús, a medida que sigues tu ruta, vas recogiendo pasajeros.

 

En este caso, tus pasajeros son tus recuerdos, sensaciones corporales, emociones condicionadas, pensamientos programados, impulsos generados históricamente y cosas por el estilo.

 

Has recogido algunos pasajeros que te caen bien, como esas dulces ancianitas que te gusta que tomen asiendo hacia delante, cerca de ti. También has recogido algunos que no te gustan: tienen el aspecto de miembros peligrosos de una banda y tú hubieras preferido que tomaran otro autobús.

 

Es probable que hayas pasado mucho tiempo intentando echar del autobús a determinados viajeros, hacer que cambiaran de aspecto o que se hicieran menos visibles. Por ejemplo, quien sufre trastornos de ansiedad, compulsiones o sentimientos dolorosos de tristeza, lo más probable es que ya haya intentado parar el autobús para hacer que se bajaran esos pasajeros.

 

Cuando tienes sentimientos, recuerdos o sensaciones desagradables lo que  intentarás  será bajar a esos pasajeros. La primera cosa que sueles hacer para conseguirlo es detener el autobús; tuviste que dejar tu vida en suspenso mientras te centrabas en la lucha. Y, lo más probable, es que los viajeros indeseables no se apearan como resultado de esa lucha.

 

Los pasajeros tienen su propia mente; además, el tiempo transcurre en una sola dirección, no en dos. Un recuerdo penoso, una vez que ha subido al autobús, ya se queda en el autobús para siempre. A menos que te practiquen una lobotomía, ese pasajero no va a marcharse.

 

Una vez que hemos comprobado que nuestros viajeros, sencillamente, no van a apearse, como último recurso nos centramos en su aspecto y visibilidad. Si tenemos un pensamiento negativo, intentamos maquillarlo un poco, retocando una palabra aquí, un matiz allá. Pero somos seres históricos. Cuando discutimos o intentamos cambiar a los viajeros de nuestro autobús, lo único que hacemos es añadirles aún más cosas. Es como encontrarse con un miembro de una banda y obligarle a que se ponga traje y corbata para que no parezca tan malencarado. Pero en nuestra memoria, al final, el bandido sigue viviendo con su aspecto original. Incluso aunque lleve un traje caro y una corbata, en el fondo, sabemos que no ha cambiado demasiado.

 

Una vez que hemos agotado todas las posibilidades, lo que solemos hacer es intentar llegar a un acuerdo con los pasajeros del autobús. Procuramos que los menos peligrosos se hundan en sus asientos al fondo, con la esperanza de que, por lo menos, no tengamos que verlos demasiado a menudo. Tal vez hasta nos imaginemos que se han esfumado del todo. Inventamos formas de evitar saber que los viajeros que nos dan miedo siguen en el autobús. Evitamos. Tomamos drogas legales. Negamos. Puedes intentar muchas maneras de ocultar tu ansiedad, depresión o baja autoestima, pidiéndoles a esos pensamientos y sentimientos que se hundan en el asiento de atrás.

 

Pero el coste de esta estrategia es elevado: renunciar a tu libertad. Para conseguir que tales indeseables pasajeros se mantengan lejos de tu vista, les propones este lamentable trato: Si ellos se mantienen agazapados y ocultos, tú los conducirás a donde ellos quieran ir.

 

Por ejemplo, para conseguir que por ejemplo la fobia social se vaya a la parte de atrás del autobús, tú puedes evitar estar con gente en situaciones en las que te parece que puedes quedaren evidencia y que te dan miedo; cuando aparece la oportunidad de relacionarte con otra gente, la rechazas o te escudas en un tipo de relación a la defensiva y tímida. Solo para conseguir que ese amenazador pasajero, la fobia social, no asome la cabeza. Incluso aunque esta última estrategia parezca funcionar hasta cierto punto, es a costa de un precio muy elevado. Cuando vas a donde los viajeros te dicen que vayas, has perdido el control del autobús de “tu vida”.

 

Cuando subes a un autobús, verás que en la parte superior lleva un cartel en el que se especifica a dónde va el autobús. Los pasajeros que suban a ese autobús irán a ese destino. Así, el destino del autobús no depende del capricho de cada momento de los pasajeros sino que corresponde a los propietarios de la compañía y a los conductores determinar el destino y llevar hasta allí el vehículo. Por eso, este es el momento de determinar a dónde quieres que se dirija ese autobús llamado “tu vida”. ¿Qué vas a decidir poner en su letrero? ¿Cuál es tu ruta?

 

(Extraído de “Sal de tu mente y entra en tu vida” C.Hayes)

 

 

Efectivamente descubrir tu ruta no es algo fácil. Implica pensar en el camino que has seguido hasta ahora y asomarse al vértigo de mirar adelante. El miedo será un pasajero habitual en este autobús que describíamos ¿pero te atreves a seguir incluso con miedo?

 

 

Elena de Miguel

 

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mar

23

sep

2014

Efectos del café en nuestro cerebro

Seguro que es una sustancia que todos los días consumes, quizá varias veces al día.

 
 

Se puede considerar una droga puesto que puede producir efectos de intoxicación y abstinencia si se abusa de ella. Y seguro que más de una vez has tenido ese pensamiento de "yo hasta que no me tomo el primer café no soy persona".

 

Independientemente de si consumes o no café con este vídeo te quedarán muy claros que efectos tiene éste en tu cerebro.

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lun

08

sep

2014

¿Qué hace eficaz a la psicoterapia?

 

Seguro que alguno de los que estáis leyendo esto, os habéis hecho alguna vez esta pregunta. Teniendo en cuenta que hay tantas corrientes y tantos estudios sobre la eficacia de un tratamiento para tal o cual problema parece que no se ha llegado a un claro consenso y que lo que une a las distintas terapias es más de lo que les separa.

 

 

Hace ya bastante tiempo hubo un autor llamado Frank que dedicó un libro a este asunto, “persuasión y curación”.

 

 

 

A continuación hablaré de aquellos factores que se considera que todas las psicoterapias tienen en cuenta y por tanto hacen eficaz la psicoterapia. Para que también aquellos que estén pensando en empezar un proceso terapéutico sepan lo que se van a encontrar.

 

 

Dentro de las características del cliente es muy importante que éste tenga una expectativa positiva respecto al tratamiento o lo que es lo mismo, que crea que la psicoterapia le va a ayudar a solucionar su problema. Esto también estaría relacionado con el efecto “placebo” presente en cualquier tipo de tratamiento; por el que si crees que algo funciona, es más probable que funcione también en tu caso, y también ocurre a la inversa.

 

 

Dentro de los procesos de cambio, es decir lo que ocurre “mientras o durante” el proceso terapéutico. Aquí hay muchos factores implicados:

 

 

  • -          Expresión emocional

 

  • -          Adquisición de conductas nuevas

 

  • -          Ser consciente o darse cuentas, lo que podríamos llamar “abrir los ojos”

 

  • -          Aprendizaje emocional e interpersonal, es decir, aprender a entender nuestras emociones y a relacionarnos con la gente

 

  • -          Pruebas de realidad, esto quiere decir que el cliente puede “ensayar” en consulta aquellas cosas que luego pondrá en marcha en la vida real

 

  • -          Sugestión y persuasión

 

  • -          Logros o experiencias de dominio

 

  • -          Identificación con el terapeuta y terapeuta como modelo de conducta.

 

  • -          Aprender a manejar las consecuencias que puede tener una acción y con ello poder anticipar lo que provocamos con nuestras acciones y adaptarlo.

 

  • -          Disminución de la tensión

 

  • -          Desensibilización: lo que ocurre cuando ponemos en marcha una acción que temíamos realizar y vemos que las consecuencias que temíamos no ocurren, es decir, una reducción del miedo.

 

  • -          Educar, informar. El mero hecho de tener una explicación para nuestro problema, ya es en sí mismo curativo.

 

Sería inevitable obviar que las características del terapeuta influyen. Por eso es tan importante que cuando una persona acude a terapia se sienta a gusto con su terapeuta, por la confianza que va a depositar en él a lo largo del proceso. El terapeuta:

 

  • -          Debe proyectar “positividad” o esperanza al cliente

 

  • -          Calidez

 

  • -          Genera empatía, esto hará que el cliente se sienta comprendido

 

  • -          Es aceptado y reconocido por el cliente como una figura de referencia

 

 

Por último son importantes las normas que rigen la terapia, o lo que podríamos llamar la “estructura”

  • -          Uso de técnicas o rituales: todas las corrientes independientemente de su marco teórico suelen usar técnicas o lo que podríamos llamar “ejercicios” que facilitan que se localicen y trabajen temas importantes para el cliente.

 

  • -          Exploración del mundo interno, porque fuera del marco terapéutico en general no prestamos mucha atención a estos aspectos y en terapia se convierten en el foco principal.

 

  • -          Marco terapéutico: es el "contrato" en el que se establecen la duración de las sesiones, los honorarios, el distanciamiento entre sesiones, el rol del cliente y terapeuta y con ello se fija también el compromiso que implica acudir a terapia.

 

  • -          Atención a la comunicación verbal y no verbal. También foco importante de la terapia al referirse constantemente el terapeuta sobre lo que percibe en su cliente. Por ejemplo: “¿eres consciente de que al nombrar a tu marido has cambiado el gesto de tu cara?”

 

  • -          La relación terapéutica. El hecho de tener una persona que te comprende y te apoya incondicionalmente sin juzgarte también resulta en sí mismo curativo.

 

 

Como veis son múltiples los aspectos que hacen que la terapia llegue a buen puerto. Conocerlos tanto para el cliente como para el terapeuta es necesario puesto que nos enseñan como maximizar los resultados y entender un poco más en que consiste la terapia.

 

 

 

 

 

Elena de Miguel

Psicóloga y coach

 

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jue

31

jul

2014

LA FELICIDAD NO EXISTE

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Si te pregunto cuál es la definición de felicidad, ¿sabrías decirme?

 

 Según la RAE Estado del ánimo que se complace en la posesión de un bien”. Pues menuda desilusión, tanto tiempo buscándola y resulta ¿qué esto es la felicidad?

 

Parece que de tanto usarlo el concepto de FELICIDAD, sí de felicidad con letras mayúsculas, está demasiado desgastado. Se habla de felicidad por todas partes. Felicidad que se alcanza con dinero, felicidad que no se alcanza con dinero, salud como requisito para ser feliz, amor como herramienta para lograr la felicidad… Y podría seguir porque hay tantos tópicos que suponen la felicidad que podríamos estar eternamente discutiendo sobre las cosas que supuestamente nos permiten ser feliz y no nos pondríamos de acuerdo.

 

 

 

Tanto hablar de ella se ha convertido en un concepto vacío, del que todo el mundo habla, todo el mundo pretende alcanzar pero pocos se han planteado realmente “¿que implica ser feliz para mi?”

 

 

Esta manera de ligar la felicidad a la ausencia de sufrimiento, a que todo esté bien, inalterable o a una euforia constante nos frustra enormemente porque la aleja de nuestro alcance, es casi imposible permanecer en este estado mucho tiempo, suponiendo que sea posible llegar. Porque el sufrimiento es inherente a la vida, porque no somos rocas, las cosas nos afectan, nos emocionan y porque si constantemente estuviéramos en este estado de euforia probablemente moriríamos de un infarto.

 

 

 

Sin embargo seguimos aspirando constantemente a ser felices y esto produce dos evidentes problemas: si uno tiene algo en su vida que considera que anda mal se obsesiona con aquello que anda mal, “si esto no estuviera en mi vida, sería feliz”. Si uno esta bien y aparentemente no tiene ningún problema se frustra queriendo acceder a ese concepto de felicidad más bien difuso e inalcanzable “¿por qué no soy feliz cuando debería serlo?”.

 

 

 

Hoy quiero proponer una felicidad, así, con letras minúsculas, pero no menos importante. La que viene ligada a pasar momentos con gente que queremos, a encontrar un sitio libre para aparcar donde es muy complicado hacerlo, la del reconocimiento por un trabajo bien hecho, la de la comedia que te hace reír sin parar, la de escuchar la canción que te gusta cuando pones la radio, la de conseguir algo que anhelas... Sobretodo una felicidad que no es todo o nada, si no que suma o resta, hay días que seré un poco más feliz y otros un poco menos, pero desde luego no pasaré de feliz a infeliz en un instante.

 

 

Quizá no sea adecuada llamarla felicidad y tendríamos que llamarla de otra forma, esto nos ahorraría problemas. Quizá cada uno podríamos ponerle un nombre, porque para cada uno lo que nos hace disfrutar, lo que da sentido a nuestra vida es distinto. ¿Por qué entonces pretendemos que para todos sea igual? ¿Qué pasaría si aceptamos que el concepto que nos han enseñado de FELICIDAD no existe? Que existen momentos  de alegría, que existen proyectos que nos ilusionan, que existen actividades en las que el tiempo se  olvida, que existen personas que nos hacen sonreír y todo esto es maravilloso, porque ya está en nuestra vida hoy, no es necesario buscarlo sin cesar, podemos ampliarlo, podemos dedicarle más tiempo pero en mayor o menor medida ya está presente en nuestra vida.

 

 

 

 Te propongo que crees tu nuevo concepto, no pretendas que sea igual que el del vecino, ni que el que dan en los anuncios de perfume, que tengas claro lo que te hace sentir bien en tu vida ya hoy y cómo esto podría estar todavía más presente en tu vida mañana, quizá así sin darle demasiadas vueltas un día encuentres “TU FELICIDAD” o como la quieras llamar.

 

 

 

 

 

 

 

Elena de Miguel

 

 Psicóloga y coach

 

 

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jue

10

jul

2014

La invisibilidad del niño triste

El otro día en consulta, una madre venía acompañada de su hijo.

 

 

Un niño según ella muy bueno, “si lo dejas ahí solo tú tranquila que no se va a mover” ¡Qué suerte! Pensaran aquellos que tienen hijos movidos y que tienen que andar con 100 ojos para que no haga alguna de las suyas. Lo cierto es que si observabas la expresión de este niño no pasaba inadvertido que estaba triste.

 

 



Lo normal en un niño pequeño hasta que ya entienden mejor las “normas sociales” es que no pare quieto, que canturre, que juegue…
Los niños tristes normalmente suelen pasar desadvertidos porque son silenciosos, no se mueven demasiado, no exploran demasiado así que en principio no hay peligro para ellos. Incluso en el colegio será más habitual que llamen a la madre de un niño que habla mucho que a la de uno que permanece callado. Puede que empiece a llamar la atención si no hace sus tareas, si no se relaciona, pero en muchos casos se atribuirá a que es vago o introvertido.

 



Hoy quería reivindicar la visibilidad de los niños tristes. Si observa que su hijo es “demasiado bueno”, que prefiere estar encerrado en su habitación solo a salir, que no habla demasiado con compañeros o en familia, préstele atención.

 

 

 Algunos de los signos que nos pueden indicar una depresión infantil son los siguientes:


- Estar continuamente triste, irritable, llorar con facilidad y con rabietas o berrinches frecuentes.
- Pérdida de interés por los juegos o la escuela o cambios en el rendimiento escolar
- Menos energía, cansancio frecuente
- Poca comunicación
- Tendencia al aislamiento
- Expresa baja autoestima, despreciándose a sí mismo (ideas de inutilidad, incapacidad, fealdad…)
- En los juegos elige escenas y finales tristes.
- Alteraciones en el sueño
 - Quejas somáticas (dolores de cabeza, de estómago…)
- Cambios en el apetito y peso habitual

 


¿Cómo proceder si detecto que mi hijo está triste?



Aunque la depresión parece una enfermedad "de personas mayores" cada vez está siendo más frecuente en niños pequeños. Por la situación de crisis, por las familias desestructuradas, por situaciones de bullying, por la pérdida de un ser querido... Cualquiera de estos cambios puede hacer que un niño se deprima.

 


Si detecta varios de los signos y síntomas arriba descritos, el ánimo triste es probable que esté presente en el niño. Comience por interesarse por la vida del niño. Si ha habido algún cambio importante en el colegio o con los compañeros, si alguna situación familiar ha podido afectarle. A veces se les oculta información a los niños de cosas que suceden a su alrededor por miedo a que sufran o porque no se sabe cómo explicárselo. Los niños, a su manera, pero siempre son conscientes de lo que pasa. Si no se conversa con ellos, aclarando las dudas que les puedan surgir,  pueden llegar a interpretaciones propias que pueden hacerle mucho más daño.

Imaginemos que unos padres se divorcian y el niño piensa que ha sido por su culpa o que alguien muere y cree que ya no está porque él hizo algo malo. Estas explicaciones que a nosotros pueden parecernos absurdas,  para  los niños desde su egocentrismo infantil se tornan como la única alternativa. Es por ello importante adaptar las explicaciones a su nivel de entendimiento, pero siempre explicar lo que pasa.

 

 


Si tras hablar con él y prestarle atención, el problema persiste lo más recomendable es ponerse en manos de un profesional. Actualmente existen tratamientos psicológicos de sobrada eficacia para problemas de depresión en niños.

 

 

 

Elena de Miguel

Psicóloga y coach

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lun

16

jun

2014

Emociones, esas grandes desconocidas

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Las emociones son algo habitual en nuestras vidas ya que no hay un solo día en que nos libremos de ellas, de ellas se nutren también las películas, novelas, canciones… ¿pero alguien las entiende? Hay gente que ni siquiera tiene claro para qué sirven.

 

 

 

Ese es mi objetivo de hoy. Por una parte ayudarte a entender las funciones de las emociones y por otro intentar sacarles el máximo provecho.

 

 

 

Empezando por el principio la función principal de las emociones es darnos información. Responden a sucesos internos o externos, a veces son muy útiles y otras veces tenemos que conocerlas para no caer en sus trampas.

 

 

 

 

En general las más sanas responden a situaciones presentes. Por ejemplo, si la persona con la que he quedado llega tarde es normal que me sienta enfadada o molesta. Si un amigo me da una sorpresa y siento alegría... Hasta ahí ningún problema. 

 

 

 

A veces sentimos emociones al recordar situaciones pasadas o al imaginar situaciones futuras. Esto puede convertirse en un problema, si por ejemplo una situación pasada nos genera la misma emoción ahora al recordarla que en el pasado o cuando nos da por anticipar catástrofes que nunca van a ocurrir. En estos casos la emoción no cumple una función saludable por la fuerte intensidad y duración de la emoción; salvo en estos casos también estaríamos dentro de la normalidad.

 

 

 

 

La emoción es una combinación de sentimientos corporales y pensamientos. En terapia, la activación de las emociones es un requisito previo para poder cambiarlas y a veces es necesario después de experienciarlas poder crear un nuevo significado que nos permita seguir avanzando y no apegarnos a la emoción.

 

 

 

 

Si tuviéramos que resumir las funciones de las emociones serían las siguientes:

 

 

  •  La emoción nos informa de que algo ha sucedido
  • También informa a otras personas

 

  •  Nos prepara para la acción

 

  • Si ocurren respecto a una persona cercana, nos ayudan  a saber en qué estado está la relación con esa persona.

 

  •   Evalúan si las cosas nos van bien o no

 

 

No siempre nos gusta lo que sentimos pero es necesario prestar atención, es como si decidiéramos prescindir de uno de nuestros sentidos ¿a qué no lo haríamos a pesar de que no nos guste lo que vemos u oímos? Las personas que deciden ignorar esta información tienen muchos problemas interpersonales.

 

 

 

Un primer paso que te propongo es que para incrementar tu conciencia emocional realices un diario emocional. En él, 3 veces al día escribe la última emoción que has sentido y describe tu experiencia.

 

 

 

¿Qué nombre le darías a esa emoción? ¿Cuál es la emoción que aparece de forma más repetida en tu vida? ¿En qué duración e intensidad? ¿Qué sentiste en tu cuerpo? ¿Había algún pensamiento? ¿Hiciste algo o sentías la necesidad de hacer algo? ¿Qué situación la provocó? ¿Qué información te está dando?

 

 

 

Una vez que realices habitualmente este ejercicio tendrás el primer paso superado: serás consciente de tus emociones.

 

 

 

Un segundo paso muy importante es que distingas entre los distintos tipos de emociones que existen, no de todos nos podemos “fiar” igual, algunos ocultan y otros no dicen del todo la verdad.

 

 

Veámoslo:

 

 

  •  Emociones primarias adaptativas serían las que decimos que surgen en el presente en respuesta a una situación, son adaptativas.

 

  •   Si esta emoción en principio adaptativa se vuelve crónica, nos genera gran malestar…pasaría al segundo grupo, emoción primaria desadaptativa.

 

  • Las emociones secundarias serían aquellas que aunque aparecen en un primer lugar en realidad, al profundizar un poco más ocultan una emoción más real. Por poner un ejemplo un chico que le ha dejado su pareja por otro y esta enfadadísimo, parece normal ¿no? Pero ¿qué puede haber detrás de este enfado? ¿Quizá tristeza? Si nos quedamos en la emoción superficial probablemente no lleguemos a la tristeza que hay detrás.

 

  •  Un último grupo lo formarían las emociones instrumentales, su nombre viene de que las usamos como instrumento para conseguir algo, son a veces manipulativas y lo peor de todo es que la mayoría de veces no somos del todo conscientes de ellas; pero quizá si preguntas a alguien cercano sepa decirte un estilo emocional tuyo que le “saca de sus casillas”. Quizá llorar cada vez que te acusan de algo, quizá enfadarte y gritar cuando no te quieren dar la razón… Si son utilizadas con mucha frecuencia pueden generar rechazo en el otro al sentirse utilizado, sin saber nosotros muy bien por qué.

 

 

 

Cuando hemos llegado  a este punto y hemos sido capaces de saber ante qué tipo de emoción nos encontramos habremos alcanzado nuestro segundo objetivo de hoy: aprovechar la información que nos dan las emociones para saber cuándo guiarnos por ellas porque son auténticas y saludables  y cuando necesitamos ser sinceros con nosotros mismos porque hay información que nos están ocultando.

 

 

 

 

Este es un largo proceso que requiere mucha práctica, pero espero que te animes a andar por el resbaladizo sendero de las emociones sin miedo a caer a veces porque si eres capaz de prestar atención al camino descubrirás cosas maravillosas.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Elena de Miguel

 

Psicóloga y coach

 

 

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sáb

24

may

2014

¿Quién soy? Vivir sin máscaras

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Desde que somos pequeños vamos adquiriendo roles y desde fuera nos van diciendo lo que está bien y lo que está mal, cuando somos adolescentes adoptamos papeles para encajar dentro del grupo y cuando empezamos a trabajar nos ocupamos de saber bien qué se espera de nosotros para conservar el nuevo empleo. Este proceso es muy útil y forma parte de nuestra adaptación social pero puede que si no nos cuestionamos de vez en cuando lo que somos, y lo que hacemos, acabemos olvidando quién somos realmente.

 

 

 

Te planteo un ejercicio: Coge una hoja y pon en grande la siguiente pregunta: “¿quién soy?” Sin reflexionar demasiado empieza a apuntar las ideas que vengan a tu cabeza, es probable que empieces por algo así “soy un hombre, una mujer que…” escribe hasta que sientas que no te queda nada por decir.

 

Después vuelve a leer lo que has escrito e intenta identificar qué de lo que has escrito es tuyo y qué parte son mensajes que has ido oyendo durante tu vida y con los que no estás muy de acuerdo. Cuando éramos pequeño podíamos oír mensajes como “eres malo”, “mira este chico que responsable”, “nunca para quieto”…

 

 

Todos estos mensajes van formando parte de lo que somos de una forma tan indistinguible que muchas veces no somos conscientes si es nuestro o son mensajes externos.

 

 

A veces también, la vida nos pone pruebas que nos van endureciendo, para no mostrarnos vulnerables vamos cubriéndonos de capas que ocultan lo que en realidad somos. La idea de "soy fuerte o soy insensible" puede que al verla escrita nos parezca un poco ajena porque quizá es un rol que hemos tomado en algún momento por necesidad y no hemos sabido cuando dejarlo atrás.

 

 

 

Otro problema que tiene esto es que nos impide que la gente cercana nos acepte como realmente somos, porque mostramos una imagen diferente a la nuestra.

 

 

A veces, para evitar el rechazo de otros tomamos roles fijos y difíciles de cambiar “el gracioso”, “el que siempre se ocupa de todo”, “el cotilla”… Y al final lo que pasa es que sufre nuestra autoestima porque al no mostrarnos como somos nadie puede aceptarnos y validar nuestro verdadero yo

 

 

¿Qué pasaría si tomas un tiempo para analizar qué eres y qué no? ¿Cómo te sientes a gusto? ¿Qué valores te corresponden y cuáles no?  ¿Con qué conductas te sientes a gusto y con cuál no?

 

 

¿Qué crees que pasaría en tu entorno próximo?

 

 

Al principio puede que a la gente le choque el cambio que implica comportarnos como realmente somos, libre de máscaras y capas, porque ya no somos tan predecibles para ellos, pero para nosotros supone quitarnos un peso de encima, como aquel que lleva una careta que muestra siempre la misma cara y de repente ve que puede reir y llorar, que puede enfadarse, puede decir “no” sin miedo…

 

 

Hoy mi intención desde aquí es que te animes primero a descubrir quién eres y después a experimentar qué se siente siendo auténtico, sin duda te sorprenderá.

 

 

 

Elena de Miguel

Psicóloga y coach

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