6 tips ante el rechazo alimentario en la infancia

Una de las preocupaciones más importantes de las madres y padres en la infancia es la alimentación y también un área de las que más conflictos ocasiona con los hijos. Desde dejar que coma lo que quiera, negociar y premiar para que coma de todo, forzar, insistir para que coma…son miles las estrategias que se usan para fomentar  “que el niño coma”.

 

 

La tendencia a rechazar alimentos nuevos es parte del proceso evolutivo normal de los niños entre los 18 meses y 2 años. Algunos van resolviendo solos el problema animándose a probar cosas nuevas y otros permanecen años negándose a ampliar su repertorio de alimentación.

 

 

En el rechazo influyen factores cognitivos, emocionales así como las respuestas del entorno social cercano del niño. Hay niños que se niegan como conducta oposicionista, otros porque tienen miedo a probar cosas nuevas pero a todos les influyen las respuestas que den las personas allegadas durante la hora de la comida. Si ven que con el tema de la comida su madre o padre pierde los papeles, todo lo que rodea a la alimentación comienza a convertirse en un tema aversivo, es decir que genera malestar y el ambiente durante la comida se vuelve tenso. Todo lo contrario a lo que ocurre en niños que no tienen problemas con la alimentación en que el momento de la comida suele ser un momento satisfactorio que sirve no solo para nutrirse a nivel meramente fisiológico si no también para nutrirse a nivel emocional.

 

 

Es difícil al principio dejar de insistir a un niño en que coma y siempre debe ser guiado por las recomendaciones del pediatra, ya que no es lo mismo un niño que aunque siempre con bajo peso va manteniendo los niveles nutricionales estables que un niño que tiene falta de algún nutriente.  

Lo cierto es que obligar a comer se ha visto que tiene resultados más bien escasos a la hora de mejorar la actitud ante la comida.

 

 

En general es mejor servir raciones más pequeñas e  incluso en platos más grandes (para que parezca que es menor cantidad) para que pueda ser el niño el que elija repetir si quiere, porque además de sentir que así tiene más control sobre el tema de la alimentación, ayuda a regular sus sensaciones de hambre y saciedad.

 

 

Otra cosa que tampoco es de gran utilidad es el viejo truco de distraer mientras se come, por ejemplo con la televisión. Algo distinto es introducir algún aspecto lúdico en la comida: por ejemplo mamá da una cucharada al niño y el niño da una cucharada a mamá o hacer el “avión” todo como manera de generar un ambiente más relajado.

 

 

A la hora de incorporar alimentos nuevos, que suele ser otra lucha como ya dije antes la estrategia de obligar a probarlos no suele dar resultado. Es más útil que los padres lo coman y le ofrezcan de su plato para favorecer la curiosidad o recurrir a presentaciones atractivas que inviten a probarlo.

 

 

Para terminar advertir que cada caso es distinto y lo que a un niño puede servirle a otro no. Lo que sí es receta universal es que el ambiente en la comida sea relajado y para eso los padres tienen que ejercer una gran tarea de autocontrol. Una cosa que puede ayudar a reducir el miedo inicial es mantener una supervisión estrecha con el pediatra para ver que no hay problemas de salud, así como comprobar que el rechazo de algún alimento concreto no se deba a alguna alergia o intolerancia.

 

Elena DMA

 

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