La recompensa de la persistencia

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Un hombre decidió cavar un pozo en un terreno que poseía. Eligió un lugar y profundizó hasta los cinco metros, pero no encontró agua.

Pensando que aquel no era el sitio idóneo, buscó otro lugar y se esforzó más, llegando hasta los siete metros, pero tampoco esta vez halló agua. Decidió probar una tercera ocasión, en distinto lugar, y cavar aún mucho más, pero cuando llegó a los diez metros, concluyó que en su terreno no había agua, y que lo mejor era venderlo.

Un día fue a visitar al hombre al cual había vendido el terreno, y se encontró con un hermoso pozo.

- “Amigo, mucho has tenido que cavar para encontrar agua. Recuerdo que yo piqué más de veinte metros, y no encontré ni rastro”, dijo el recién llegado.

- “Te equivocas”, contestó el aludido. “La verdad es que yo sólo cavé doce metros, pero a diferencia de ti, siempre lo hice en el mismo sitio.”

 

 

¿Cuántas veces nos pasa ésto? Queremos conseguir algo, lo intentamos mil veces pero al final acabamos desistiendo. Podríamos decir que lo hacemos "a medio gas", porque nuestra experiencia previa nos dice que ya lo hemos intentado previamente y no ha dado resultado.  Piensa si en tu vida actualmente hay alguna ocasión en la que te has podido sentir como el hombre de la historia, con la sensación de ir cavando agujeros y nunca encontrar agua. Piensa también si no te pasará como a él, que nunca te has detenido a cavar con la suficiente  energía y durante el suficiente tiempo. Puede ocurrir por distintos motivos: por falta de motivación, por no creerte capaz de conseguirlo, por miedo a otro fracaso... Lo cierto es que a veces vamos acumulando fracasos por no ser lo suficiente persistentes.  Mi consejo de hoy es que antes de rendirte del todo, intentes cavar una vez más, porque quizá esta vez sí, por fin encuentres el agua que siempre ha estado ahí, solo que un poco más profunda.

 

 

Elena de Miguel

 

 

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