La receta del buen terapeuta

 

 

Hoy hablaré de una receta muy especial. Una receta que no aparece ni en los libros de cocina, ni en los de psicoterapia. Una receta totalmente subjetiva porque cada uno que me lea se le ocurrirán cosas que añadir, cosas que quitar… Por eso es mi receta y quería compartirla hoy con vosotros.

 

Andaba pensando últimamente en cuál sería “la receta del buen terapeuta” porque claro, se han hecho muchos estudios, se han descubierto cosas interesantes sobre factores comunes…pero lo cierto es que cada terapeuta es un mundo. De hecho todos coincidiréis conmigo en que no hay dos sesiones iguales, ni siquiera con la misma persona. Venía a mi cabeza el símil del cocinero al que es difícil que le salgan dos platos iguales, incluso con los mismos ingredientes y ¿cuáles serían los ingredientes del buen terapeuta? Pues pensando, pensando, esto es lo que a mí se me ha ocurrido.

 

Como ingrediente principal yo diría que la curiosidad. Una actitud de incansable deseo por conocer al otro: qué le motiva, cómo ha sido su historia de vida, qué le hace actuar así, pensar así, qué siente… Una curiosidad que intenta ser parecida a la del niño pequeño, sin prejuicios.

 

También para mí, sería necesaria una inagotable fuente de amor incondicional. No os asustéis, es un amor muy distinto al de la calle. Es un amor que implica aceptar al otro tal cómo es ahora mismo. Yo diría que sería algo así como la sal del plato, que si no está presente, se nota.

 

Añadiría también paciencia, para cocinar a fuego lento un plato que puede estar listo…incluso en años. Esperando que los ingredientes se transformen y que estén en su punto para servir. Porque si lo sacas antes de tiempo y te lo quieres comer va a estar crudo y si te descuidas y lo dejas demasiado tiempo, puede que ya esté quemado.

 

Muy relacionado con ésta sería el optimismo. Éste, es un ingrediente a manipular con cuidado. Debe echarse la cantidad exacta para que no quede ni demasiado alejado de la realidad para el paciente, ni demasiado poco y el terapeuta caiga en el desánimo. Es vital porque ayuda a perseverar en momentos de crisis, recaída, de bloqueos…

 

Otro ingrediente importante es la empatía, que sería algo así como la distribución del plato. La distancia en que coloco cada ingrediente. Lo suficientemente cerca como para enterarnos de la emoción del otro y que el otro sepa que nos hemos enterado. Lo suficientemente lejos como para que esa emoción no nos inunde y nos incapacite.

 

Para terminar añadiría sentido del humor. El sentido del humor es una especia que debe manejarse con cuidado y que si no sabes manejarla es mejor dejarla en la despensa, pero que si uno se siente cómodo usándola puede dar al plato un toque muy especial.

 

Seguramente haya otros ingredientes que de vez en cuando hay que añadir al plato, y también hay que estar atento porque a veces las existencias de cada ingrediente en la despensa del cocinero pueden estar “en números rojos” pero yo creo que si cuidamos de que todos en mayor o menor medida estén presentes nos saldrá un plato fabuloso.

 

Espero que os haya gustado y ¡que aproveche! ;-)

 

 

 

 

 

 

Elena de Miguel

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