La soledad del que sufre

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Todas las personas que acuden al psicólogo sufren. Unas llevan sufriendo más tiempo y otras viven el sufrimiento como algo nuevo.

 

 

Una de las principales quejas de las personas que vemos, es la incomprensión. Se sienten solas ante el sufrimiento. Generalmente las familias, los amigos, incluso muchos médicos intentan tranquilizarles con frases prefabricadas “ya pasará mujer”, “hay gente en peor situación que tú”, “no es para tanto”. El mensaje que la persona que sufre recibe es “no me entiendes”.

 

 

Es difícil hacerse cargo del dolor ajeno, estar ahí, sin huir con alguna frase tranquilizadora porque genera mucha impotencia y la impotencia es la emoción que peor toleramos los seres humanos, ya que nos indica que no podemos hacer nada; y realmente no podemos hacer nada con el dolor ajeno. Cuanto más cercana afectivamente es la persona que sufre más nos cuesta soportarlo obviamente porque su emoción de alguna forma la hacemos nuestra.

 

 

Por eso hay mucha gente que me dice “yo no podría ser psicólogo, no sé cómo puedes soportar oír historias tan duras cada día” y yo les digo, es verdad, es duro porque a veces yo también me reconozco sintiéndome impotente: con un paciente que no mejora, con otro que piensas que quizá podrías haber hecho algo distinto, con otro que no vuelve y no sabes por qué…Sin embargo, nuestra forma de ayudar como seres humanos al que sufre no es otra que permanecer ahí con el dolor ajeno sin evitarlo y sabiendo que es suyo y no nuestro, y precisamente eso es lo que les ayuda.

 

 

 Otras veces son los pacientes los que dicen “te lo cuento a ti porque sé que tú no te vas a asustar con mi dolor”. Esa es la única manera que tenemos de ayudar al que sufre,  mantener esa distancia entre la fusión con la emoción del otro y la indiferencia. No hay una respuesta correcta cuando el otro sufre, es más bien una actitud. Una actitud que indica: “no te preocupes, estoy aquí, puedes llorar y no me voy a asustar, no voy a salir corriendo y puedes volver a hacerlo cuando lo necesites” si este mensaje no verbal llega, lo que se diga a continuación es lo de menos.

 

 

Muchas veces un abrazo sin mediar palabra, cuando es una persona querida quien sufre es la mejor manera de demostrar que estamos ahí.

 

 

 

 

Elena de Miguel

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