Cámbiame pero no quiero cambiar. La resistencia al cambio

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Extraño título pensarán algunos para comenzar un artículo. Pocas veces un paciente te dirá algo como esto en consulta, sin embargo en nuestro fuero interno los psicólogos tenemos esta sensación con más de un paciente. Sobre todo en la sanidad pública donde el modelo médico es muy importante y el paciente acude al psicólogo pensando “que tiene respuestas a sus preguntas”. Algunos se llevan un “chasco” cuando les planteas que nuestra herramienta principal es la pregunta, que con nuestras preguntas pretendemos que lleguen a crear sus propias buenas respuestas.

 

Podríamos entonces preguntar inocentemente ¿por qué haces esto? ¿Por qué te encierras en tu casa y no sales, por qué no te divorcias, por qué no dejas de fumar? Y encontraríamos mil y una justificaciones distintas  porque no puedo, porque no sé como hacerlo, porque soy así…

 

Probablemente esto no nos lleve a ningún sitio. Podemos plantear a continuación otra duda ¿para qué lo haces? O ¿cómo lo haces o cómo no lo haces? En muchos casos el paciente seguirá dándote justificaciones acerca de por qué o por qué no debería hacerlo. Entonces insistes en que te hablen de la utilidad, del proceso en que ese hábito se mantiene.

 

Estas últimas preguntas podríamos decir que son más potentes aunque sólo sea por el hecho de que la persona probablemente nunca se haya parado a pensar en ello; y la primera respuesta que le salga sea “para nada”. Y nosotros insistiremos, “ya sí, pero el caso es que lo haces, con lo cual seamos “retorcidos” pensemos en para qué te sirve ser una madre pesada, para qué te sirve estar enfadado, discutir…”

Siguiendo en esta línea puede que descubramos cosas… Que discutir es la única manera en que me comunico con mi marido, que estar enfadado hace que los otros se acerquen a mí con cuidado, que ser una madre pesada me protege de la culpa o del miedo si a mi hijo le pasara algo y no se lo he recordado 50 veces… Esto son sólo ejemplos pero te invito a que te plantees tus propias preguntas para aquellas cosas que quieres cambiar pero no te decides a hacerlo.

 

La resistencia al cambio es un hecho. Aunque solo sea por cumplir ese viejo refrán de “más vale malo conocido que bueno por conocer” las personas tendemos a continuar haciendo lo mismo a pesar de las consecuencias nefastas que en muchos casos tiene.

Seamos sinceros, para algo sirve, aunque solo sea para evitar un mal mayor.

 

 

¿Cómo cambiar entonces? En primer lugar debemos ser conscientes que ese hábito ya no funciona. Por ejemplo ser una madre pesada me ha podido servir cuando los hijos eran pequeños porque les evitaba peligros pero cuando son adolescentes me lleva a estar discutiendo a todas horas.

En segundo lugar debemos conocer aquella necesidad que está cubriendo o aquel peligro que está evitando mi conducta. Por ejemplo podré ser consciente de ese miedo propio que me lleva a proteger a mis hijos. En este momento se produce un cambio. Me hago responsable. El miedo es mío. Y esto me llevará a plantearme la siguiente pregunta siguiendo con este ejemplo ¿qué hago con mi miedo para que no perjudique a mi relación con mi hijo? Si me planteo esta pregunta tendré un nuevo campo de acción abierto.

 

Esta pregunta y las respuestas que se deriven de ella no hubieran sido posibles sin entender para qué me está sirviendo ser una pesada y sin asumir la responsabilidad de lo que está pasando. Esto obviamente no resuelve el problema, sin embargo nos puede sacar del aprieto de asumir lo que quiero cambiar y lo que está en mi mano cambiar y lo que no quiero cambiar o no depende de mi cambiar.

Existe una frase muy buena relacionada con esto y que quiero dejaros para terminar.

 

 

“Concédeme la serenidad para aceptar las cosas que no puedo cambiar, el valor para cambiar las cosas que puedo cambiar y la sabiduría para reconocer la diferencia”

 

 

Elena de Miguel

 

 

 

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Comentarios: 3
  • #1

    obrasdeteatrocortas.com.mx (miércoles, 31 diciembre 2014 00:19)

    Uno de los principales miedos al cambio es la incertidumbre, vivimos asustados de todo y de todo e igual lo sufrimos pensando en un resultado favorable que en uno que no lo es. Muchos prefieren la zona de confort y no ir más allá, pero asi se escapa la felicidad por todos lados.

  • #2

    Elena de Miguel (miércoles, 31 diciembre 2014 00:59)

    Muchas gracias por tu comentario. Estoy de acuerdo en que la incertidumbre es uno de los principales miedos que dificultan el cambio y es normal sentir miedo al cambio. El problema está en las consecuencias de permanecer siempre igual. Quizá eso es más peligroso aún

  • #3

    Nerissa Seely (jueves, 02 febrero 2017 08:17)


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