La invisibilidad del niño triste

El otro día en consulta, una madre venía acompañada de su hijo.

 

 

Un niño según ella muy bueno, “si lo dejas ahí solo tú tranquila que no se va a mover” ¡Qué suerte! Pensaran aquellos que tienen hijos movidos y que tienen que andar con 100 ojos para que no haga alguna de las suyas. Lo cierto es que si observabas la expresión de este niño no pasaba inadvertido que estaba triste.

 

 



Lo normal en un niño pequeño hasta que ya entienden mejor las “normas sociales” es que no pare quieto, que canturre, que juegue…
Los niños tristes normalmente suelen pasar desadvertidos porque son silenciosos, no se mueven demasiado, no exploran demasiado así que en principio no hay peligro para ellos. Incluso en el colegio será más habitual que llamen a la madre de un niño que habla mucho que a la de uno que permanece callado. Puede que empiece a llamar la atención si no hace sus tareas, si no se relaciona, pero en muchos casos se atribuirá a que es vago o introvertido.

 



Hoy quería reivindicar la visibilidad de los niños tristes. Si observa que su hijo es “demasiado bueno”, que prefiere estar encerrado en su habitación solo a salir, que no habla demasiado con compañeros o en familia, préstele atención.

 

 

 Algunos de los signos que nos pueden indicar una depresión infantil son los siguientes:


- Estar continuamente triste, irritable, llorar con facilidad y con rabietas o berrinches frecuentes.
- Pérdida de interés por los juegos o la escuela o cambios en el rendimiento escolar
- Menos energía, cansancio frecuente
- Poca comunicación
- Tendencia al aislamiento
- Expresa baja autoestima, despreciándose a sí mismo (ideas de inutilidad, incapacidad, fealdad…)
- En los juegos elige escenas y finales tristes.
- Alteraciones en el sueño
 - Quejas somáticas (dolores de cabeza, de estómago…)
- Cambios en el apetito y peso habitual

 


¿Cómo proceder si detecto que mi hijo está triste?



Aunque la depresión parece una enfermedad "de personas mayores" cada vez está siendo más frecuente en niños pequeños. Por la situación de crisis, por las familias desestructuradas, por situaciones de bullying, por la pérdida de un ser querido... Cualquiera de estos cambios puede hacer que un niño se deprima.

 


Si detecta varios de los signos y síntomas arriba descritos, el ánimo triste es probable que esté presente en el niño. Comience por interesarse por la vida del niño. Si ha habido algún cambio importante en el colegio o con los compañeros, si alguna situación familiar ha podido afectarle. A veces se les oculta información a los niños de cosas que suceden a su alrededor por miedo a que sufran o porque no se sabe cómo explicárselo. Los niños, a su manera, pero siempre son conscientes de lo que pasa. Si no se conversa con ellos, aclarando las dudas que les puedan surgir,  pueden llegar a interpretaciones propias que pueden hacerle mucho más daño.

Imaginemos que unos padres se divorcian y el niño piensa que ha sido por su culpa o que alguien muere y cree que ya no está porque él hizo algo malo. Estas explicaciones que a nosotros pueden parecernos absurdas,  para  los niños desde su egocentrismo infantil se tornan como la única alternativa. Es por ello importante adaptar las explicaciones a su nivel de entendimiento, pero siempre explicar lo que pasa.

 

 


Si tras hablar con él y prestarle atención, el problema persiste lo más recomendable es ponerse en manos de un profesional. Actualmente existen tratamientos psicológicos de sobrada eficacia para problemas de depresión en niños.

 

 

 

Elena de Miguel

Psicóloga y coach

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Comentarios: 2
  • #1

    leyendasycuentosdeterror (martes, 30 diciembre 2014 23:45)

    Que malo saber que hay madres así, mientras no tengan que convivir con su hijo, todo está bien, pero el verlo desarrollarse parece que les estorbara porque tienen que ponerle mayor atención. c

  • #2

    Elena de Miguel (miércoles, 31 diciembre 2014 01:09)

    Gracias por tu comentario. No debemos olvidar que ser madre es una labor muy difícil. A nadie nos enseñan y todos cometemos errores, no obstante de vez en cuando vendría bien parar y simplemente observarnos como padres y analizar que estamos enseñando a nuestros hijos